Ejemplos ?
-¿A que no sabes a lo que vengo?, -preguntóle la Garibaldina, al par que se arreglaba, mirándose en el espejo, las flores graciosamente prendidas en su negrísima guedeja. -Tú dirás -repúsole Lola con acento indiferente.
Y Lola diciendo esto, apoyó un codo en una rodilla y la barba en la palma de la mano, y quedóse mirando irónica y fijamente al viejo.
Se trata de una muchacha que reúne todas las condiciones por mí apetecidas. -¿Muy elegante? -preguntó Lola con una vislumbre de esperanza dudosa. -No, por cierto.
-No, eso no puée ser; eso no lo pueo consentir yo -dijo Lola con tan extraño acento, que el tío Cáncamo frunció las cejas, sin saber si aquélla hablaba en serio o en tono de zumba.
-Gracias a Dios -díjole Lola, saliendo a su encuentro- que te dejas ver, que tenía ya la mar de ganitas de ponerte la mar de besos en tu carita morena.
-Pos mire usté: se va usté a llevar la flor der partio, poique esos cinco los he criao yo como si jueran cinco de mis hereeros, y ya le digo a usté que si no juera por mi Olorcilla, que se ha empeñao en eso del mantón... -A propósito de mantones, usté conoce a Lola la del Trabuco.
-Eso me lo ha dicho -exclamó el Pimporrio interrumpiendo al Cerote- porque lo soy, porque a mí me echó mi madre al mundo pa pinturero, pa dislocar a las mujeres... ¿Verdá, tú, Lola, que fue pa eso pa lo que a mí me parió mi madre?
-Pos lo que te digo, que me río yo del que inventó el furminante; que to lo he dejao yo ya más liso que tu pechera; que tu Lola está rabiando por verte de nuevo en su ventana, y que ahora mismito te voy a llevar allí, y que voy a decirle que me ha costao más trabajo llevarte, que trabajo costó la toma de los Castillejos.
-Buenos días, prodigios -exclamó en aquel momento don Paco llegando frente al pintoresco grupo, y después, dirigiéndose lenta y gallardamente hacia Lola, se detuvo ante ésta, echose el sombrero atrás y díjole, entornando los ojos y poniendo en su voz las más dulces y acariciadoras de sus inflexiones-: ¡Lo que yo he corrido por llegar a tiempo de que me dé beber en su cántaro la más graciosa de toítas las Samaritanas!
Las jembras toas, y entre toas y salgan las que puean, son malinas, pero que mu malinas, y pa ganarlas sa menester saber más que Merlín, y estar ya desengañaos de que son jierro con la cera, y cera con el jierro, y tú no has salío entoavía, pa con ella, de mantequilla de cacao, y lo que sa menester pa que tu Lola...
Y Joseíto no se hizo repetir la orden, y momentos después trepaba, aferrándose, a los salientes del ruinoso muro, con los tallos de las flores en la boca, de donde momentos después tomábalas Lola murmurando con casi infantil alborozo: -Muchas gracias, y qué rebonitas que son hoy.
Era todo rugir de sedas, parloteo de excitación, rechispeo de diálogo, escaramuzas de coquetería. Lola y Jacinta, las dos muchachas, aportaban al coqueteo su frescura juvenil y su ingenuo descaro.