Zoroastro


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Sinónimos para Zoroastro

Zaratustra

Sinónimos

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Josefo y Filón creen las almas materiales; sus doctores admitieron ángeles corporales, y en su mansión en Babilonia dieron a estos ángeles los nombres que les daban los Caldeos; Miguel, Gabriel, Rafael, Uriel. El nombre de Satanás es babilonio, y en cierta manera es el Arimánes de Zoroastro.
y en segundo, porque Leo -tan sensible y tan erudito- siempre le gustaba inundar de símbolos su ambiente; sabía tantos códigos que iban desde Hermes Trimegisto pasando por Zoroastro, Pitágoras y Platón, hasta Marsilio Ficino o Giovanni Pico della Mirandola, sus casi contemporáneos; como siglos después lo hacía el misterioso alemán, Atanasio Kircher, y a mí me dejó como una muestra ejemplar de uno de sus refulgentes regodeos semióticos.
Y el ángel que había arrebatado de Jerusalén al profeta Habacuc, y que había suministrado alimento a Daniel, recluido en la cueva de los leones, en Babilonia, aquel mismo ángel, por la virtud del Espíritu Santo, condujo a los reyes de Persia a Jerusalén, según que Zoroastro lo había predicho.
El primero le enseña la magia de Zoroastro, hijo de Ormuzd; es decir, la religión y todo el culto de los dioses, y le enseña igualmente todos los deberes de buen rey.
Después han seguido lavándome y perfumándome dos veces al día, regalándome a pedir de boca, y obligándome a estar en compañía de todas estas alegres señoritas, donde he acabado por olvidarme de Zoroastro y de mis austeras predicaciones, y por convencerme de que en esta vida se ha de procurar pasarlo lo mejor posible, sin ocuparse en la vida de los otros.
Sólo Zoroastro, rey de los Bactrianos, dicen que nació riendo, aunque tampoco aquella risa, por no ser natural, sino monstruosa, le anunció felicidad alguna; porque, según dicen, fue inventor de la magia, la cual le aprovechó muy poco, ni aun contra sus enemigos, para poder gozar siquiera de la vana felicidad de la vida presente, pues le venció Nino, rey de los asirios.
El talento de la Europa ha hecho en los últimos cien años más progresos, que los que había hecho todo el mundo desde Brama, Fohi, Zoroastro y el Thaud del Egipto.
Entre esa inmensa cantidad de partículas a la vez inmortales, divinas e infinitamente pequeñas en que el Dios hijo se diseminó hasta el punto de no poder volver a reconocerse, el Dios padre eligió las que le agradaron más y las hizo sus inspirados, sus profetas, sus “hombres de genio virtuosos”, los grandes bienhechores y legisladores de la humanidad: Zoroastro...
El mundo es el teatro del mal moral y del mal físico, como se conoce demasiado: y el Todo está bien de Shaftesbury, de Bolingbroke y de Pope no es mas que una paradoja, una agudeza y una mala chanza. Los dos principios de Zoroastro y de Ménes,tan alambicados por Bayle, son una chanza todavía peor.
Cuando Zoroastro, Hérmes, Orfeo, Mínos y todos los hombres grandes de la tierra dicen: Adoremos á Dios y seamos justos; nadie se rie; pero toda la tierra chifla al que pretende que no se puede agradar a Dios, sino teniendo al tiempo de morir una cola de vaca, ó al que quiere que nos cortemos un pedazo del prepucio, al que consagra los cocodrilos y las cebollas, y al que quiere que la eterna salvacion dependa de un hueso de un muerto que llevemos debajo dela camisa, ó de una indulgencia plenaria que se compra en Roma por dos sueldos y medio.
Dios no favorece menos al Kir, o Koresh, o Kosroes al que llamamos Ciro; le llama su cristo, su ungido, aunque jamás fue ungido según el común significado de esta palabra, y profesó la religión de Zoroastro; le llama su pastor, aunque fue usurpador ante los ojos de los hombres: no existe en todas las Sagradas Escrituras una prueba más grande de predi­lección.
No dije una palabra á Pitágoras por complacerlo, y pasé á Zoroastro, que se ocupaba en concentrar el fuego celeste en un espejo cóncavo en medio de un vestíbulo de cien puertas que todas conducian á la sabiduría.