abadía


También se encuentra en: Diccionario.
  • all
  • sustantivo

Sinónimos para abadía

Sinónimos para abadía

Ejemplos ?
Era tan grande, en fin, la concurrencia Que, por público bien y conveniencia, Fue preciso alzar tiendas y cabañas Do gentes de regiones muy extrañas Descansasen de larga romería Alrededor del templo y abadía.
Tus órdenes, Duncanio, sólo espero.» -«Acabe tu vigor y tu energía La imperfecta pared de la abadía Que no se concluyó, cual yo anhelaba, Porque nuestro dinero escaseaba.» Se oyó al punto un estrépito sonoro De demonios cantando en grave coro Y todos levantaron raudo vuelo A trabajar con el mayor desvelo.
Y a fin de poder defenderse de las invasiones de bandidos, de barones poderosos y desalmados o de infieles muslimes, habían fortificado la abadía como casi inexpugnable castillo roquero, y mantenían a su servicio centenares de hombres de armas de los más vigorosos, probados y hábiles para la guerra.
Vamos a los infiernos.» Dicho y hecho: Clavándole las uñas en el pecho Se lo llevó como una paja leve Que al impulso del céfiro se mueve, Cayó fuego del cielo en la abadía Que con llama voraz la consumía: Hacinados quedaron sus escombros Sirviendo de pavores y de asombros Y demonios nocturnos se notaban Que en torno se mecían y bailaban.
Provincial de los Religiosos franciscanos de Cantabria, por medio de la Comisión de monumentos de Logroño, la concesión de la célebre abadía de Santa María la Real de Nájera, se había servido disponer S.
Es título honorífico, y equivale à señor de tal Abadía y território, como lo es el Abád de Vibanco y otros de esta calidád en sus lugáres y términos.
A los más, manifestó una cierta animadversión por la disciplina religiosa de la orden franciscana y pasó, como se dijo al principio, a la benedictina, para después colgar los hábitos, pero sin enemistarse con sus superiores; de manera que pudo volver a vestirlos en los dos últimos años de su vida, ser nombrado canónigo en una abadía y, más tarde, cura de Meudon, puesto que no llegó a ocupar.
Apenas la dorada aurora asoma y dona un nuevo día al hemisfero, Reinaldo su caballo y armas toma y pilla en la abadía un escudero, que junto a él cabalga llano y loma, siempre en el bosque horriblemente fiero, hacia el lugar en que tener se debe la lid que honesta la doncella pruebe.
En el curso de la guerra estrecha amistad con el gallardo fraile Jan des Entommeures (es decir Juan de los Bocados), que defendió enérgicamente los viñedos de su abadía y después de la estrepitosa victoria, recompensa su celo edificando para él, la abadía de Theleme, cuya regla se compendia en esta divisa: Fay ce que vouldras (Haz lo que quieras).
Hará ya mucho más de mil años, había en lo más esquivo y fragoso de los Pirineos una espléndida abadía de benedictinos. El abad Eulogio pasaba por un prodigio de virtud y de ciencia.
En medio de aquel diluvio de males, pudiera compararse la abadía de que hablamos al arca santa en que se custodiaban el saber y las buenas costumbres y en que la humana cultura podía salvarse del universal estrago.
Quince años después que el peregrino Se había presentado en la abadía Con el rojo presente que traía, El Abad en su celda reposaba Y mil proyectos de ambición formaba, Cuando a un leve rumor se puso alerta, Pues oyó que llamaban a su puerta.