abadesa


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Sinónimos para abadesa

prelada

Sinónimos

Ejemplos ?
Mientras la niña se entretenía con las monjas, que sacaban regalillos al través de la reja y se deshacían en fiestas y arrumacos, la mamá cuchicheaba con la abadesa acerca del asunto.
Los días se deslizaban iguales, siempre tristes; ella no tomaba parte en nada de lo que ocurría en el convento, apenas sabía los nombres de las religiosas, y cuando la abadesa la amonestaba por alguna involuntaria distracción, oía sus palabras sin sentimiento por la ligera falta cometida, en la que incurría de nuevo muchas veces.
Por real orden de 31 de Diciembre de 1786, comunicada al virrey Croix, se prohibieron los vítores en la elección de abadesa; pero maldito el caso qae de la regia prohibición hicieron las monjitas de Lima.
LA MONJA Cuando la imprudencia importa, yo soy obediente y... DON JUAN ¡Bueno! Si no desplegáis la boca, yo os prefiero a la abadesa. LA MONJA No hay abadesa; es priora.
Las aspiraciones eran infinitas, y tenaz la oposición para con la abadesa, que no podía satisfacer los inniunerables ca- prichos de sus subditas, doblemente caprichosas por ser mujeres y monjas, que es otro item más.
-¿Pues a quién? Y a la madre abadesa, y a las monjas todas. Nora reflexionó, y una chispa de contento iluminó sus anchas pupilas entristecidas, dilatadas, como si hubiese tomado belladona.
No puede determinarse con fijeza la época en que nacieron en Lima los vítores; pero consta que, en el monasterio de las bernardas de la Trinidad, se cantaba en 1617: i Vítor la madre abadesa, modelo de santidad!
Después sonrió, tomó el rosario y le dio vueltas entre los dedos. Por último, dirigiéndose a la abadesa, ordenó: -Que avisen al confesor de la difunta; deseo hablarle.
La abadesa tomó asiento en un frailero; los pliegues de su sayal de lana blanca la rodeaban de un modo escultórico y señoril. Una mirada elocuente se cruzó entre los dos hermanos.
En el convento estaría al primor. Y la abadesa aprobó con la cabeza; ¿dónde mejor? Allí, con su tía, con las madres, en aquel sosiego, lejos de peligros mundanos, preparándose a la primera comunión...
La abadesa se levantó, rígida, cruzadas sus manos de gran señora, y fue a arrodillarse delante de la santa imagen de la Misericordia infinita.
La abadesa se levantó penosamente; el reuma la tenía medio baldada, y gran parte de su penitencia era el arrodillarse para orar, sin cojines ni reclinatorio.