Ejemplos ?
Escuchando pasa el esbirro junto a las puertas, sus ojilIos inquieren por las rendijas, estudian los semblantes tratando de adivinar el rasgo característico de la rebeldía, sus oídos se alargan tratando de percibir todos los ruidos inquietantes para el despotismo; se disfraza, pero no se oculta; el esbirro tiene un olor propio que lo denuncia; tan pronto es gusano como es una serpiente; se agita, se retuerce, se escurre por entre la multitud queriendo leer los pensamientos, se pega a las paredes como sí quisiera chupar los secretos que guardan; golpea, mata, encadena; trabaja, trabaja.
Después de haber hecho todo tipo de largos e increíbles trámites burocráticos (creí que sólo en nuestro país reinaba la sandez tortuguista), por fin recibí la autorización de efectuar este curioso propósito y como consecuencia emocionante, hoy me encuentro en la gigantesca casa, toda una fortaleza, de esta famosa mujer, quien, por supuesto, me ha recibido con esa misteriosa sonrisa que oscila entre la burla y el placer; displicente conciencia sarcástica de adivinar lo que de ella se dice y de disfrutarlo rebosando de picardía.
Daba la puerta a una estancia Con escasa diferencia Alhajada con opulencia De las otras a la par, Aunque algo menos ruinosa, Y al parecer en secreto Preparada a algún objeto Difícil de adivinar.
Nuestros lectores pueden adivinar el carácter y el mérito de tales producciones, con solo saber que el Gobierno prohíbe su exposicion y La Nueva Prensa las elogia.
La espera no fue de mucha duración; pronto el rápido galopar de sus caballos anunció la llegada del enemigo; éste, al llegar al pie del repecho, se detuvo bruscamente: la vista de águila del teniente había divisado a los contrabandistas, y al divisarlos, un juramento capaz de hacer enrojecer al más bigotudo de sus veteranos, brotó en su boca; como ducho en aquella clase de lides, al adivinar lo ocurrido...
La habían traído junto con un billetito en el que se leía: «Muchas gracias por el bello día de ayer». Nosotros tal vez hubiéramos podido adivinar de quién venía.
Permitía que todos los hombres la pretendieran; todos podían presentarse, ya fuesen príncipes o mendigos, lo mismo daba; pero tenían que adivinar tres cosas que ella se había pensado.
No hubiera podido adivinar si las luces de resplandecientes fulgores que mixtificaban el panorama eran del celaje o de la inmemorial ciudad.
A Juan le tendió la mano, diciéndole: -Buenos días. Acto seguido, Juan hubo de adivinar lo que había pensado la princesa. Ella lo miraba afablemente, pero en cuanto oyó de labios del mozo la palabra «zapato», su rostro palideció intensamente, y un estremecimiento sacudió todo su cuerpo.
Por el contrario, cuando se me cita a Homero, despierto en el acto, presto la mayor atención, y las ideas se me presentan profusamente. Sócrates: No es difícil, mi querido amigo, adivinar la razón.
Con una previsión polilateral que le hace adivinar todos los matices de la trepidación lejana; con una antenación segura y registradora que le hace percibir la pulsación íntima de los rodajes y del hormigón, Alfredo Ferreiro anda por el mundo, optimista y risueño, seguro de conocer todas las piezas y todos los resortes de la creación.
– Es su capucha la que tapona sus oídos; usted no está acostumbrado a la máscara –pensaba en voz alta De Jacquels, que había penetrado mi silencio–: Tenía pues, aquella noche, el poder de adivinar, y levantando mi dominó se aseguraba de la finura de mis medias de seda y de mi ligero calzado.