afeitar

(redireccionado de afeitaba)
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  • all
  • verbo

Sinónimos para afeitar

rasurar

Sinónimos para afeitar

raer

Sinónimos

Ejemplos ?
Con esta costumbre de salir tan temprano a la aldea, y no volver hasta la noche, fue adquiriendo aspecto montaraz; no se afeitaba ni cortaba el pelo.
Allí nota la distancia física con sus compañeras, aunque había pasado la pubertad, no tenía la menstruación, su pecho era plano y se afeitaba el bigote, la barba y los brazos.
Sin embargo, el 3 de noviembre los rebeldes fueron alcanzados y murió Manuel Vinagre y Malcher fue apresado. El 31 de diciembre falleció Gonçalves Campos por la infección de una herida hecha cuando se afeitaba.
Sin embargo, también estaba lleno de inseguridades respecto a su papel en el equipo, y empezó a molestarle que lo considerasen "el músculo". Gunn se afeitaba la cabeza y vestía con ropa casual, normalmente jerséys con capucha.
El mariscal herraba los caballos del rey, y creía que la casa sería para él. El barbero afeitaba a grandes señores, y pensaba también que la casa vendría a ser suya.
Por aquel país, hasta de las piedras del camino salían los manantiales; pero en el palacio no había agua. La gente del palacio se lavaba las manos con cerveza y se afeitaba con miel.
La parte inferior de su rostro era cuadrada; esto y la sombra de su barba, muy negra, que se afeitaba cuidadosamente todos los días, me recordaba una figura de cera que habían recibido haría unos seis meses en nuestra vecindad.
En dicha circunstancia él gastaría un saco negro que no alcanzaba a cubrirle el trasero, y corbatita blanca. Súbitamente lo llamaría «el señor», un hombre que era su doble físico, pero que no se afeitaba los bigotes y usaba lentes.
Ya veremos lo que se ingenia; que de aquí a mañana más horas hay que longanizas. Al otro día Pascual afeitaba y aliñaba el pelo a D.
Rogron se afeitaba por sí mismo todos los días; se examinaba el rostro y hablaba a su hermana de los cambios que creía notar en él; discutía con la criada sobre la temperatura del agua caliente; iba al jardín y miraba si las flores habían brotado; se acercaba a la orilla del río, donde había construido un quiosco; observaba el maderamen de su casa.
La cabeza, en forma de calabazo, podría representar la de un sacerdote poseído de neurosis ascética; era aplanada de cráneo, de cabello recio y entrecano, cortado siempre al rape como un cepillo; ni pelo de barba en aquella cara amarillenta y marchita; y no porque fuese lampiño el santo varón, sino porque su compadre Feliciano, alma caritativa como pocas, lo afeitaba jueves y domingo y le cortaba el pelo cada quince días, merced a lo cual se le formaba por oda la rapadura una sombra cenicienta que lo aclerigaba más y más.
El asesor colegiado Kovaliov solía decirle mientras le afeitaba: «Siempre te apestan las manos, Iván Yákovlevich.» A lo que Iván Yákovlevich contestaba preguntando a su vez: «¿Y por qué han de apestarme?» El asesor colegiado insistía: «No lo sé, hombre; pero te apestan.» Por lo cual, y después de aspirar una toma de rapé, Iván Yákovlevich le aplicaba el jabón a grandes brochazos en las mejillas, debajo de la nariz, detrás de las orejas, en el cuello...