agachar

(redireccionado de agachó)
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Sinónimos para agachar

Ejemplos ?
Y la pobre mujer, que continuaba sentada, alcanzó a ver en la oscuridad una cosa chiquita y vacilante que entraba por la puerta, como un gatito que apenas tuviera fuerzas para caminar. La mujer se agachó y levantó en las manos un tigrecito de pocos días, pues aún tenía los ojos cerrados.
El tío juan Gómez se agachó, sentado como estaba; y, mirando al catalán de abajo arriba, exclamó donosísimamente: -¡Lo que me choca es que lo sepa usted!
-Sí, vení nu más -dijo Linarotti, blandiendo la botella; esperó que se acercara el sargento y se la tiró; pero el otro, vivo como gato montés, le tenía clavada la vista y, más ligero que el proyectil, se agachó; la botella se fue a estrellar en la pared, por suerte sin herir a nadie; el sargento se abalanzó, y ayudado por dos milicos que agarraban al piamontés uno por las piernas, otro por los brazos, lo volteó.
Al oscilar la luz, yo distinguía claramente sobre paredes negras de humo, lagartos, huesos puestos en cruz, piedras lucientes, clavos y tenazas. La bruja puso el candil en tierra y se agachó revolviendo en la ceniza: -Ved aquí vuestro anillo.
Al fin, el chico agachó la cabeza, y, con un movimiento especial (no es fácil decir si de reproche o resignación), volvió las espaldas y emprendió el camino de su isba.
El pueblo refunfuñaba, y poniendo cara de vinagre agachó la cabeza y pasó por el aro; mientras que los hombres de palacio, satisfechos de su coraje para imponer la ley a la chusma, se pusieron, como dice la copla del coup de nez, ::«en la nariz el pulgar ::y los demás en hilera, ::y...
Deslumbrado y ciego por la vívida claridad que la transparencia del aire hacía más radiante e intensa, agachó la cabeza, buscando entre sus patas delanteras u n refugio contra las luminosas saetas que herían sus pupilas de nictálope, incapaces de soportar otra luz que la débil y mortecina de las lámparas de seguridad.
Los visitantes y los esclavos exclamaron un grito, y el Diablo, sentado en el árbol, se regocijaba de lo bien que Aleb había realizado la tarea. El amo se puso más negro que el trueno, frunció el ceño, agachó la cabeza, y no dijo una sola palabra.
-Y a ti, Esperanza, ¿se te quitó el mal tuyo? -interrogó volviéndose a su prima. Meneó Esperanza la cabeza, y después la agachó contra el pecho. ¡Quitársele el mal!
Con su rueca en la mano, ella seguía a sus vacas al campo de Aubespi (las bellas espigas) cuando encontró en el centro del camino un gran ovillo de lana, del color del animal. Se agachó rápidamente para recogerlo y tan rápido, tan rápido, que no pensó un minuto que había perdido la hiladora.
-Sí. Él. Uno de los viejos se agachó, tomó un terrón y lo arrojó sobre el cajón de madera limpia. El mozo lo imitó. El que había arrojado el primer terrón se incorporó y preguntó: -¿Usted lo conocía?
--Este salón no lo tienen tan bien arreglado como el otro-- pensó Alicia, al ver que varias piezas del ajedrez yacían desperdigadas entre las cenizas del hogar; pero al momento siguiente, y con un « ¡ah!» de sorpresa, Alicia se agachó y a cuatro patas se puso a contemplarlas: ¡las piezas del ajedrez se estaban paseando por ahí de dos en dos!