agachar

(redireccionado de agachados)
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Sinónimos para agachar

Ejemplos ?
La gente ha almorzado y descansado durante las horas más calurosas de la siesta; han cobrado todos un nuevo brío, y a pesar del calor de plomo que todavía pesa sobre la naturaleza aletargada, trabajan con empeño, apurados. Agachados sobre la oveja, de un tijerazo hacen saltar el copete, la lana de la cara, y atacan con dos manos y de punta la lana tupida de las espaldas.
Con el cuchillo en la mano, agachados, don Juan Bautista, su hijo mayor, buen mozo de 18 años, y don Pedro, solos, para evitar errores...
Caminan agachados, a tientas, sondeando inútilmente, con los ojos desencajados, la obscuridad impenetrable; el silencio es completo, no se mueve una paja; escuchan, sin resuello, y esperan, cerca ya de una mata de sauco que sirve de reparo al corral.
Por eso Abuelas, Madres, hijos de detenidos desaparecidos, compañeros y compañeras que no están pero sé que están en cada mano que se levanta aquí y en tantos lugares de la Argentina, esto no puede ser un tira y afloje entre quién peleó más o peleó menos o algunos que hoy quieren volver a la superficie después de estar agachados durante años que no fueron capaces de reivindicar lo que tenían que reivindicar.
Aquí, como en todas partes donde la gente pobre tiene muchos más perros de los que puede mantener, las casas son todas las noches merodeadas por perros hambrientos, a que los peligros del oficio —un tiro o una mala pedrada— han dado verdadero proceder de fieras. Avanzan al paso, agachados, los músculos flojos.
A uno y otro lado extendíase la estepa gris, sin rastros de habitación; torcidos chaparros remedaban figuras grotescas, enanos deformes o perros agachados para saltar y morder.
El inspector preguntaba esto porque si Juan Darién estaba "viendo" efectivamente lo que él hacía en la selva cuando era animal salvaje e iba a beber después de haber comido, vería también que las piedras que encuentra un tigre o una pantera que se acercan muy agachados al río pasan a la altura de los ojos.
Cuando el coche se paró en la dirección indicada, la niebla se levantó un poco descubriendo un miserable callejón con una tasca de vino, un equívoco restaurante francés, una tienducha de verduras y periódicos de un sueldo, niños piojosos agachados en las puertas y muchas mujeres de distinta nacionalidad que se iban, con la llave de casa en mano, a beber su ginebra matutina.
Pero el espejo, en su ángulo, reflejaba sólo el rojizo juego de resplandores del techo, el centelleo del fuego cien veces repetido en los cristales de los armarios, y sus mismos rostros pálidos y asustados, agachados a mirar.
El río que hace de este barrio de Rouen como una innoble pequeña Venecia, corría a11á abajo, amarillo, violeta, o azul, entre puentes, y algunos obreros agachados a la orilla se lavaban los brazos en el agua.
Y ve tú, señor Mahoma, como detentan tu feérica santidad al centro de millones agachados besando el suelo parco en éxtasis de alfombras mágicas pisoteadas por el ruego creyente hasta el orgasmo, mientras que arriba los que mandan el aproveche se revientan de amenazas y heroicos comandos, para el mundo que no baja sus labios a besarles los pies con todo y callos, creídos obedecen.
Cierto, no probamos ya más; nos mordió cuando entramos agachados; nos asustamos cuando entramos encorvados, pero por poco lo alcanzábamos.