Ejemplos ?
Procuraron compasivos recogerlo; pero al llegar con la barca, y al agitar con los remos el agua, veloz corriente llevó el cadáver.
Permaneció Joseíto inmóvil durante algunos momentos; el silencio era turbado únicamente por el rumor del río al resbalar mansamente por entre verdes tarajes que salpicaba el rojo adelfal y los blancos rosales bravíos; por el melódico doliente piar de las alondras, por los susurros del viento al agitar la frondosa arboleda y por el sonoro latir de los perros guardianes del desparramado caserío.
La balsa era muy grande; el escarabajo la tomó por un océano, y quedó tan asombrado, que se cayó boca arriba y se puso a agitar las patas.
sin agitar las indiferencias que no lo escuchaban ni lo suponían, continuaba el trayecto sin doblegarse, sin caer...encadenado a su ruego...esperando el instante del hallazgo...labrando su epopeya interior.
Que no se presente el caso de líderes que se ponen a agitar consignas demagógicas, cuando saben que no es el momento oportuno, porque eso no es de revolucionarios, eso no es ser amigo de los trabajadores.
Hay líderes que se ponen a agitar consignas de ese tipo. ¿Para qué? Para obtener fuerza y lideraturas personales. Y la Revolución no puede consentir eso, porque antes que nada hay que ser honrado, hay que ser valiente.
Y tuve con dolor de mi alma que pedirles a los obreros sacrificios, sacrificios en bien de ellos, sacrificios hoy para obtener mayores ventajas mañana. Creo que eso es lo honrado: hablarles así, no agitar consignas demagógicas para crear problemas a la Revolución.
Y como no tenía esportilla ni fuelle con que agitar el aire, se agachó y empezó a soplar furiosamente; pero nada, no conseguía que la llama se levantase.
No me hice de rogar; y como los niños se empeñaban en que siempre estuviera comiendo, porque les divertía verme abrir el pico y agitar las alitas, y a mí no me disgustaba atracarme, padecí una indigestión que por poco me mata; pero logré escapar de ella, si bien estuve alicaído durante tres días.
La araña procuró sujetarla con sus patas, y cuando estaba a punto de lograrlo, el viento volvió a agitar el puchero; balanceose la araña, logró desasirse el moscardón y huyó.
El conde de Villarroja, padre del muerto, no anduvo con pies de plomo para agitar el proceso, y un mes después fue a los estrados de la Real Audiencia para el fallo definitivo.
Detenida por los cables niveles, se la vio por un instante agitar sus piernas descarnadas en el vacío, y luego, sin un grito, desaparecer en el abismo.