Ejemplos ?
Era apacible al pueblo su vida, y a los padres agradable su conversación y el estilo de sus escritos, en que ni él se cansaba ni cansaba; al revés de muchos que ponen la elegancia en no empezar a decir ni acabar de hablar.
-Exactamente lo que yo pensaba -asintió el balde, dando un saltito de contento que hizo resonar el suelo. La olla siguió contando, y el fin resultó tan agradable como había sido el principio.
Debía Ptolomeo a Pompeyo su reino en su padre; y cuando se vino perdido a cobrar agradecimiento tan justo, trujo a propósito del tirano los beneficios que le había hecho, para que, violándolos, diese más precio a su traición en los ojos de su enemigo, a quien granjeó con su cabeza. Peor fue César que Ptolomeo, pues matándole no castigó la infame confianza que le sería agradable tan fea abominación.
No tardó en dormirse, y soñó que el caballo del Emperador había sido derribado, y que al Señor Escarabajo Pelotero le habían dado sus herraduras de oro y la promesa de otras dos. ¡Qué agradable y delicioso es un sueño así!
Es tan bonita y tan suave - siguió Alicia, hablando casi para sí misma, mientras nadaba perezosa por el charco-, y ronronea tan dulcemente junto al fuego, lamiéndose las patitas y lavándose la cara... y es tan agradable tenerla en brazos...
Se encerraban en su camarote la mayor parte del día, negándose terminantemente, a pesar de mi insistencia, a alternar con nadie a bordo. La señora Wyatt era, en cambio, mucho más agradable.
El dinero que ganes con tu trabajo es bueno y te llenara de satisfacción, y por tal motivo considerarás un bien material necesario pues representa tu esfuerzo, la perseverancia, la eficacia que te dará seguridad y será el medio para conseguir alimento, vivienda, vestido, salud y todo aquello que hace agradable la existencia.
Todo lo bello y lo agradable se reflejaba en ellas: juegos de infancia e ilusiones de juventud, todo el vasto mundo desplegado a la luz del sol, aquel mundo que él quería recorrer.
Al fin, los ratoncillos dejaron también de acudir, y el abeto suspiró: «¡Tan agradable como era tener aquí a esos traviesos ratoncillos, escuchando mis relatos!
Devora leña y vomita fuego por la boca. Da gusto estar a su lado, o encima o debajo; esparce un calor de lo más agradable. Desde donde estás puedes verla a través de la ventana.
No te confíes mucho en lo que dice... —sonriente dijo Renata y brindamos felices por aquel agradable encuentro... Yo lo miraba extasiada.
Cuando llevaron después a las llamadas Deseable, Agradable, los diversos vestidos, Brujo del Envoltorio, Brujo Nocturno, Guarda-Botín, les dijeron: “He aquí la prenda de nuestra conversación.