alejar

(redireccionado de alejó)
También se encuentra en: Diccionario.
  • all
  • verbo
  • pronominal

Sinónimos para alejar

marcharse

Sinónimos

Sinónimos para alejar

ahuyentar

Ejemplos ?
Cierto negro, alto y vestido con una capa, vino efectivamente a vernos en ausencia mía... Pero se alejó de pronto después de hacerle algunas preguntas a la sirvienta y no volvió más.
Curate bien y no es nada... Hasta mañana -Hasta mañana -se alejó Podeley apresurando el paso, porque en los talones acababa de sentir un leve cosquilleo.
-¡Sería muy largo de contar! -exclamó la cigüeña, y se alejó. -Alégrate de ser joven -decían los rayos del sol-; alégrate de ir creciendo sano y robusto, de la vida joven que hay en ti.
Pero no te enojes, que yo te prometo que volveré en cuantito pille un rayito de luz, y que me estaré aquí to el tiempo que hoy te tengo que regatear manque como ice la copla: Y una hora más tarde, y después de depositar el beso de despedida en labios de su mujer, montó Paco de nuevo en su caballo y se alejó, no sin volver la cabeza repetidas veces para ver a Clotilde, que en aquella ocasión no se asomó a la puerta, como tenía por costumbre.
Después, el diablo y ellos sabrán a dónde se dirigen —respondió el barquero. Sara se alejó en la dirección que éste le había indicado.
Al final movió la cabeza, y dando un risueño e incrédulo suspiro, se alejó sonriendo y quién sabe qué murmurando de los ricos ociosos, los camellos y las agujas.
El auto se alejó en silencio En los periódicos del mediodía se miraban dos grandes encabezados Uno anunciaba el incompresible robo al Banco Nacional...
— Me daría mucho gusto, Cipriano...— exclamó entre sus francas risotadas, mientras guardaba unas hojas escritas por el borrachín que como siempre: cual pago: Cipriano le daba. Éste se alejó sonriente, como satisfecho.
Ab-el-Korda fue el primero en felicitarla: el conde de la Espina y Marquesi al oír la noticia se alejó del comedor para regresar pocos minutos después con un hermoso collar de perlas falsas que le ofreció con el más señoril de los ademanes.
Lentamente, una bandeja de sangre se fue formando en el polvo. Mahomet se alejó internándose, por el camino que conducía hacia la Silla del Buda.
-¿Te llamas? pregunté, y el peregrino: -Soy el Dolor, me dijo, y poco a poco se alejó en las revueltas del camino. Marchó de cara al moribundo día, hacia el lejano resplandor postrero, y a manera de sol que se moría, su planta iba sangrando en el sendero.
Allí ante tanta noble y gentil gente, tanta realeza damascena y sira, el tímido Martán rehuyó el encuentro, tiró del freno, y se alejó del centro.