almacén


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Sinónimos para almacén

tienda

Sinónimos

Sinónimos para almacén

bodega

Sinónimos

Ejemplos ?
Me levanté dolorido, mientras que el bellaco me preguntaba: -¿Vas a dormir hasta el día del juicio final? Ven al almacén. Es hora de que te ganes tu pan.
De ese modo aspiramos a poseer como un almacén de hechos españoles que sirvan de cimiento para mejoras reales y de arsenal para la crítica y la propaganda.
Apenas si se dignó contestar a mi saludo. Yo entré en el escritorio del almacén como si nada hubiera sucedido. Desde entonces mis relaciones con el mercader fueron odiosas.
Tosco fué el manotón que dio su paternidad en el depósito ó almacén; porque se apoderó de la cabeza de Longino, de un pedazo de la cruz del buen Ladrón, y de un zarcillo ó arete que perteneció a María de Magdala.
El día de la ceremonia, uno de los padrinos de Jorge, el más rico de todos un ex-mozo de almacén de edad ya avanzada, regaló a su ahijado un gran reloj de metal barato.
-suspiró el cuello; y como no había nadie más a quien declararse, se las dio en decir mal del matrimonio. Pasó mucho tiempo, y el cuello fue a parar al almacén de un fabricante de papel.
Pero como el mensú parecía gustar realmente de la dama -cosa rara en el gremio- Cayé ofreciósela en venta por un revólver con balas, que él mismo sacaría del almacén.
Junto a ella, un almacén de fruta fresca y podrida; luego la huevería "Para huevos los míos"; (¡Jo, jo, jo, jo!), la pulquería "Pior es nada", en la que se expende el pulque pulquérrimo del barrio y la más pobretona fonda de la calle, pero la más concurrida por lo barato de sus antojos.
Y como la escena de las ideas, que constituye los pensamientos de un hombre, no puede exhibirse de una manera inmediata a la vista de otro hombre, ni guardarse en ninguna parte que no sea la memoria, que no es un almacén muy seguro, por eso tenemos la necesidad de signos de nuestra ideas para poder comunicar nuestros pensamientos los unos a los otros, así como para registrarlos en beneficio propio.
Si la quinina no había cortado a ras el segundo ataque, era inútil que se quedara allá arriba a morir hecho un ovillo en cualquier recodo de picada. Y bajó de nuevo al almacén.
De pronto escuché una gritería y vi a un viejo con casco de corcho que salió maldiciendo y riéndose a la puerta de su almacén, y al tiempo que maldecía y se reía, amenazaba con el puño la copa de un cocotero.
En el almacén ladero un chino, con un blusón azul que le llegaba a los talones y una gran coleta, miraba al mono, que fumaba haciéndole amenazadoras señales.