Ejemplos ?
Confiar es poner en manos de otro sin más seguro que la buena opinión que se tiene de él; si no la teníamos, si no debíamos tenerla de los que la exigían con dureza, y con aquella altanería que suele ser síntoma de la debilidad o de falta de justicia ¿por qué no debíamos desconfiar?
Si se conservase la estructura de la pequeña economía anterior se achicaría la producción proporcionalmente a la demanda mediante la disminución en la adquisición de primeras materias y mano de obra; pero como esto no se puede hacer en la gran industria, porque tiene ese ingente capital constante, ese ingente capital muerto, la gran industria se arruina; es decir, que técnicamente la gran industria hace frente a las épocas de crisis peor que la pequeña industria. Primera quiebra para su antigua altanería.
Por eso, quienes descubren por vez primera a Esther Puhyol advierten que sus versos no asumen la vanidad prosopopéyica de rasgos deslumbradores; ni la altanería del desprecio o la rebelión social; ni el despecho de los resentidos que en su afán de ser, fueron devorados por las burocracias, las envidias, la calumnias o el dolor.
Mi tía era alta; sus rasgos eran pronunciados, sin ser desagradables; su rostro, su voz, su aspecto y su modo de andar, todo indicaba una inflexibilidad de carácter que era suficiente para explicarse el efecto que había causado sobre una criatura tan dulce como mi madre. Pero debía de haber sido bastante guapa en su juventud a pesar de su expresión de altanería y austeridad.
Pasó al salón, y ante el silencio orgulloso e interrogador de don Juan, que le miraba con altanería, perdió el aplomo, turbóse y balbució: -Ya comprenderá usted el objeto de mi visita...
Ya el himeneo y las privaciones han roto la venda que ofuscaba la vista de los infelices: aquella amabilidad de Elena es coquetería a los ojos de su esposo; su noble orgullo, insufrible altanería; su garrulidad divertida y graciosa, locuacidad insolente y cáustica; sus ojos brillantes se han marchitado, sus encantos están ajados, su talle perdió sus esbeltas formas, y ahora conoce que sus pies son grandes y sus manos feas; ninguna amabilidad, pues, para ella, ninguna consideración.
¿Curarse de una fiebre perniciosa allí donde se la adquirió- No, por cierto; pero el mensú que se va puede no volver, y el mayordomo prefería hombre muerto a deudor lejano. Podeley jamás había dejado de cumplir nada, única altanería que se permite ante su patrón un mensú de talla.
Sin embargo, la metrópoli se defendía de la tétrica invasión de negruras, pues insolentes y alocadas luces eléctricas de anuncios mil, con altanería, la escudaban del titánico asaltante lóbrego que pretendía ennegrecerla.
Y, siguiendo la farra, volvió a la pulpería, donde, con un tono chocante que contrastaba con su finura habitual, convidó a los concurrentes, hablando, con altanería sin par, de medir con cualquier facón su «capadora» y de castigar a rebencazos a esos cobardes, que lo miraban como zonzos, sin atreverse a decirle nada.
La Nación en cambio, parte por vuestra altanería, parte por ver deshechas una tras otra las esperanzas que se lo había hecho concebir de que saldríais del reino, sentía cierto disgusto que cada vez se fue acentuando y se convirtió al fin en odio.
El borracho, para no caer, se apoyó en la balaustrada, y mirando con altanería al obispo, dijo: -¡Auila llaipas patalla mantacca!
Así que aquellos, en premio a su altanería y deslenguada boca, están ya todos aposentados en los infiernos, su ciudad esclavizada, y estas que aquí ves, trocada su dicha en desventura, vienen ahora a ti.