Ejemplos ?
Era un viejo dulce y bueno, y hacía muchos años, al decir de mi madre, que llegaba todos los días, a la misma hora, con el pan calientito y apetitoso, montado en su burro, detrás de dos capachos de cuero, repletos de toda clase de pan: hogazas, pan francés, pan de mantecado, rosquillas… Mi madre escogía el que habíamos de tomar y mi hermana Jesús lo recibía en el cesto.
Como nadie alcanzaba a hacer competencia a la acreditada mazamorrería de mama Salomé, otra del gremio levantó la especie de que la terranova era bruja, y que para hacer apetitoso su manjar meneaba la olla, ¡qué asco!, con una canilla de muerto, y canilla de judío, por añadidura.
Lo primero que preguntó el Ogro fue si la cena estaba dispuesta y si había vino, y luego se sentó a la mesa. El carnero estaba a medio asar, pero esta circunstancia lo hizo más apetitoso para el Ogro.
Pero he aquí que los postigos no llegaban hasta lo alto de la ventana, y por ellos podía verse el interior. En el centro de la habitación había puesta una gran mesa, con vino, carne asada y un pescado de apetitoso aspecto.
Pero poco a poco fui adquiriendo sobrada confianza y me comía los mejores bocados y me regalaba con lo más apetitoso, y algo debieron sospechar los dos hermanos cuando empezaron a manifestar viva inquietud.
Aquella noche, noche de invierno algo brumosa y seguramente bastante fría, estaba el señor X sentado a la mesa, sólo, teniendo por delante un diario del día anterior, nuevo para él, y engullendo lentamente unas costillas de cordero que expedían el más excelente y apetitoso olor.
Había en el lugar una señora, viuda de un cabildante, jamón apetitoso todavía a pesar de los tres quinces que peinaba, la cual gozaba fama de ser cumplidora del precepto evangélico que manda ejercer la caridad dando de beber al sediento.
Estos dos versecitos han hecho más víctimas que el cólera morbo; porque nosotros los pícaros hombres, a fuerza de oírlos repetir, nos imaginamos que ha de ser verdad evangélica aquello de que el bien ajeno es manjar apetitoso y del que podemos darnos un atracón sin necesidad de pagar bula.
Y sentados en la rústica mesa, devorando en grandes tajadas el jugoso costillar de vaca, cuyos sabrosos vapores llenan la cocina del apetitoso perfume de la carne gorda asada, todos escuchan con avidez los mil cuentos que hace el viajero, de su larga expedición, cautivando la atención de su auditorio con la descripción de la llanura despoblada y la enumeración de sus riquezas inexplotadas.
Aquel señor ha tenido este valor —valor se necesita para confesarse ignorante en un país donde el último barbero sabe hacer la crítica de una situación—, y este valor dice mucho en pro de la honradez de aquel aristócrata; pero ¿lo han tenido de igual manera los otros a quienes se ofreció tan apetitoso puesto?
La oficialidad colombiana era, pues, motivo de zozobra para las muchachas, de congoja para las madres y de cuita para los maridos; porque aquellos malditos militronchos no podían tropezar con un palmito medianamente apetitoso sin decir, como más tarde el valiente Córdova: Adelante, y paso de vencedor, y tomarse ciertas familiaridades capaces de dar retortijones al marido menos escamado y quisquilloso.
Que hay preparado un almuerzo apetitoso con una multitud de cosas bonitas y buenas, que como sin darme cuenta de a qué saben (es natural cuando se sueña); que sólo como y bebo matrimonio, pues no creo en la realidad de los comestibles más que en la de lo demás.