ardite


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  • locución

Sinónimos para ardite

no importar un ardite

Sinónimos

  • no importar un bledo
  • no importar un comino
  • no importar un ochavo
  • no importar un pito
  • no importar un huevo
Ejemplos ?
Luego, la Alameda, ya no niña, ni joven, sino, como si dijéramos, jamona, siguió ejercitando sus malas mañas; y ya, a lo que es de colegir, sin dársele de ello a los tutores un ardite, o bien porque estaba emancipada, como mayor de edad, o porque, cuando un mal no tiene remedio, fuerza es el resignarse.
Y aunque, sin importársele un ardite semejantes desaires, proseguía filosofando, empezaba a comprender, sin arrepentirse por eso de lo pasado, que la mayor parte de los hombres eran ingratos y egoístas, y que por eso dice aquel refrán, que a él le había parecido siempre confuso: «haz bien sin mirar a quien», y «nunca por el bien que hagas esperes ser remunerado en la tierra».
Líbreme Dios de aplaudir esa poesía afeminada, enclenque y enfermiza de los que sacan á plaza, como si á la humanidad interesaran un ardite, sus dolores íntimos, reales pocas veces, y ficticios "ó de contrabando casi siempre.
Pero ésta, que, a pesar de su modestia y discreción, estaba dotada, sin poderlo remediar, de una índole arisca, descontentadiza y desamorada, abrumaba a los príncipes con su desdén, y de ninguno de ellos se le importaba un ardite.
Como yo no tenía nada que hacer, estaba frecuentemente en su casa, cosa que no agradaba a las dignas ancianas, de quienes no se me daba un ardite.
Se me da, Eugenio, un ardite que lo juzgue bien o mal, que lo llame obra inmortal o de necia la acredito, porque según lo que vemos, no hay obra, y más siendo ajena, que sea a su juicio buena… Conque pregunto: ¿y qué hacemos?
Hay padres que han explotado bárbaramente a los hijos. Y los que hicieron una fortuna no les importa un ardite el odio de los hijos.
Si alguna mujer le pedía la llapa, al meter la tijera en el lienzo, corría como media vara más el corte y daba después el vigoroso rasgón sin importársele un ardite.
Los golillas lo desdoran, los clérigos le aborrecen, los soldados le apetecen, y los villanos lo adoran. Mas a él lo importa un ardite de tan varia voluntad, y toma por la ciudad, donde le encuentra, desquite.
Atemos cabos, se dijeron los oidores, y tejamos cáñamo para la horca; pues importa un ardite que el redomado y socarrón barbero permanezca reacio en negar, aun en el tormento, su participación en el crimen.
Durante meses no se dio un ardite por mi vida, y una vez vuelto al conocimiento de las cosas, e iniciada la convalecencia, me sentí tan extenuado, y con tan pocas fuerzas, que el consejo médico determinó sin más mi inmediato retorno a Inglaterra.
Ahí me las den todas, decía la viuda; replicó el marido, á mí no se me da un ardite, que con andar pie con bola, me reiré de todos.