Ejemplos ?
En efecto, fue empresa muy ardua para un filósofo tan ingenioso el llegar a conocer o argüir atrevidamente y condenar toda la diabólica chusma, a la cual cualquiera vejezuela cristiana fácilmente conoce, y con singular libertad escupe y abomina, si no es que acaso este filósofo tema ofender a Aneburite, a quien escribe como a una insigne cabeza y pontífice de semejante religión, y a otros aficionados que admiran estas cosas como divinas y pertenecientes al culto y religión de los dioses.
Tampoco puedo argüir que soy pariente de William Hart, como me preguntaba una lectora que le daba por la fotogenia y sus astros; mas tampoco me agrada que le pongan sambenitos a mi apellido, y le anden buscando tres pies.
La parte ridícula del género humano es la que en el pensador excita mayor lástima: lejos de ponerla de manifiesto, convendría cubrirla con un parche de bronce que no diese paso al acero. -La llaga permanecería viva, tornamos a argüir; valiera más curarla.
Los censores no se han rendido; y tienen la osadía de argüir al mismo san Mateo, porque él mismo ha dicho, que estos niños fueron degollados, "para que se cumpliesen las palabras de Jeremías: Una voz se ha oído en Rama, una voz de llantos y de gemidos, Raquel llorando a sus hijos, y sin consuelo porque ya no existen." Estas palabras históricas se habían cumplido a la letra en la tribu de Benjamín, descendiente de Raquel, cuando Nabuzardan hizo perecer una parte de aquella tribu hacia la ciudad de Rama.
-decía al punto-. ¿Usted qué sabe de lo que es estar bien?» -y empezaba a argüir. Un día se dedicó a la química; de tal modo, que entre mi boca y la suya encontré en adelante una mascarilla de cristal.
Cuando digo que el poeta Lucrecio discurre como un escelente metafísico en este tercer canto, no quiero decir que tiene razon: porque se puede argüir con un juicio vigoroso, y engañarse, si no se conocen la verdades reveladas.
Dafnis no tenía que argüir contra lo dicho por su madre; pero se afligió mucho, e hizo lo que suelen hacer los enamorados pobres; lloró, y pidió auxilio a las Ninfas.
Se podría argüir que no es responsabilidad del gobierno sino de los trabajadores, conquistar la democracia interna en los sindicatos y, en el caso de los no agrupados, que existen garantías para organizarse de acuerdo con la ley.
Esta peregrina manera de argüir no tiene ni siquiera el mérito de la novedad, porque es ya muy viejo el cuento de aquel reo que, diciéndole el juez que el hurto de que se le acusaba estaba comprobado con la declaración de diez personas que lo habían presenciado, respondió: «Contra esos diez que me han visto, señor juez, puedo yo presentar diez mil que no me vieron».
Inútil argüir que la Anarquía persigue la organización metódica de la sociedad y que esa repartición violenta implicaría una barbarie científica.
Y no cabe argüir que con la generalización del sufragio y el triunfo de la democracia será verdad la ley del número...
Procura conseguir la palabra fiel que se ajusta a la doctrina, para que puedas exhortar con doctrina sana y argüir a los contradictores»(83).