Ejemplos ?
En la actualidad aparece como una gran mancha comida por el ácido en medio de los bosques y campos, y los pocos que se han atrevido a acercarse por allí a pesar de las leyendas campesinas le han dado el nombre de "erial maldito".
San Martín para mí está en el cielo de los héroes que dice el infortunado escritor vienés, pero no por atrevido, sino por iluminado, y la actitud suya que acabo de subrayar me justifica en el concepto histórico.
No cabía duda de que este hombre había venido al edificio abandonado, cincuenta años atrás, en busca de una noticia sensacional, cosa que nadie se había atrevido a intentar.
Así es como me he atrevido a rescatar los textos, aun completos, elaborados por mí antes de que se me encasillara como un simple autor de textos escolares por unos cuantos senectos críticos que, desde la cómoda asignación de presupuestos estatales o institucionales, les ha sido fácil auto producirse dos o tres libros sellados por editoras subvencionadas y convertirse en las lumbreras de determinadas culturas de oficio.
Mas tienes mucha razón; éste el hombre es que en la selva me siguió, y el que atrevido, sin que mis desprecios sienta, vino anoche a referirme los afectos de su necia pasión; y así tú, doña Ana, hazle que cese en su tema.
Atravesaban por valles agitados y serenos a la vez. El viento, atrevido e inconfigurable, nada dejaba de acariciar o de herir. Parecía que todo era recién nacido y un aliento de fragancias despertara en los verdores de colinas y praderas.
Ammi admitió que Nahum había temido a algo que estaba escondido en el pozo... hasta el punto de que no se había atrevido a comprobar si Merwin o Zenas se habían caído dentro.
Sócrates: Ya lo sé, y he aquí por qué deseaba tanto ser tu discípulo, seguro que no hay nadie tan atrevido para mirarte cara a cara; ni el mismo Melito; ese hombre que penetra hasta tal punto el fondo de mi corazón que me acusa de impiedad.
Cuando las jóvenes generaciones tomen conciencia de lo que les robaron los enajenados por los ismos. Un día retornarían… Aquel cosmonauta atrevido había salido de nuestro bien ubicado planeta Tierra, un día muy de madrugada.
Nadie se dio cuenta que las banderolas plantadas en aquella superficie, creída de la luna, por una extraordinaria manipulación que había alterado el curso original del vuelo, era la de Marte. Entonces el navegante atrevido y sus compañeros fueron clonados por los marcianos y aprisionaron a los originales (¡Déjenos!).
Antes de dar el atrevido paso siguiente: la elaboración de una hipótesis, preferimos recordar algunos de los múltiples requisitos para un estudio de tal naturaleza.
Por ser de inminencia que alguien tocara a rebato solicitando a la actuación política las nuevas generaciones, me he atrevido a hablaros hoy desde aquí; pero — claro está — mi atrevimiento no llega a más que a enunciar aquellas convicciones primarias y genéricas dentro de las que evidentemente han de formarse los nuevos usos.