barricada


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Sinónimos para barricada

trinchera

Sinónimos para barricada

Ejemplos ?
Las grandes batallas campales terminarán con la barricada y el motín de los pueblos rebelados, y las banderas nacionales se desvanecerán en el espacio, para dar lugar a la bandera roja de los desheredados del mundo.
Ignoraba que allí donde había buscado un refugio se hallaba precisamente bajo los rifles de veinte valientes apostados en las bóvedas de la Merced, y mandados por el bravo Larrea, que les impidió matarlo, recordándoles la orden que tenían de Belzu para respetar su vida. No menor resolución que entre los asaltadores de la barricada de la Merced, reinaba en todos los grupos del ejército agresor.
Millones de socialistas alemanes batallan hoy en las legiones del Káiser. Sin embargo, esa muchedumbre corre a luchar y morir por una idea o por un hombre, ya en el campo, ya en la barricada.
Pero del otro lado de la barricada estaban los clientes y los deudores; del lado de acá, los acreedores del tendero. Y cuando después de deshechas las barricadas y de aplastados los obreros, los dueños de las tiendas retornaron a éstas, ebrios de victoria, se encontraron en la puerta, a guisa de barricada, a un salvador de la propiedad, a un agente oficial del crédito, que les alargaba unos papeles amenazadores: ¡Las letras vencidas!
Situados en torno de la plaza, contemplaban con espanto su desesperada posición. Hallábanse entre un pueblo pronto a lanzarse sobre ellos, y las balas de la barricada, certeras, inexorables.
Al dar vuelta a la esquina, que estaba lejos de la Biblioteca, en la calle inmediata, como a treinta pasos, vio al resplandor de una hoguera un montón informe, tenebroso, que obstruía la calle, que cerraba la perspectiva. «Debe de ser una barricada».
El ciudadano ve con torva mirada al polizonte, a quien todavía ayer consideraba su protector y su apoyo; el lector asiduo de la prensa burguesa encoge los hombros y deja caer con desprecio la hoja prostituida en que aparecen las declaraciones de los jefes de Estado; el trabajador se pone en huelga sin importarle que con su actitud se perjudiquen los patrios intereses, conscientes ya de que la patria no es su propiedad, sino la propiedad del rico; en la calle se ven rostros que a las claras delatan la tormenta interior del descontento, y hay brazos que parece que se agitan para construir la barricada.
La barricada había perdido su encanto; el soldado ya no veía detrás de ella al «pueblo», sino a rebeldes, a agitadores, a saqueadores, a partidarios del reparto, a la hez de la sociedad; con el tiempo, el oficial se había ido entrenando en las formas tácticas de la lucha de calles: ya no se lanzaba de frente y a pecho descubierto hacia el parapeto improvisado, sino que lo flanqueaba a través de huertas, de patios y de casas.
Bajo la pendiente calle a espaldas de la Merced, costeando sus muros; torció a la derecha, y se presentó en la barricada que cerraba la calle de las Cajas.
Veo más acá a esos mismos hombres temblar ante su propia hechura y, como la pastora de la fábula, mentir amores y caricias para limar los dientes al león. Pero el de la historia no es cándido, y responde a los golpes de la lima con arrullos de barricada.
Por eso es necesario mirar desde otro lado de la barricada, para asumir la responsabilidad, la enorme, la trascendente responsabilidad que implica ser Gobierno.
No cabía duda, se había armado. «Aquello era una barricada, y por aquel lado no había salida». Deshizo el camino andado, y al llegar a la puerta de la Biblioteca se detuvo, se rascó detrás de una oreja y meditó.