barroco


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  • adjetivo

Sinónimos para barroco

recargado

Ejemplos ?
Y modelando versos castellanos a la luz fría de la lámpara de Roma, lleva a su mayor altura un tipo de arte únicamente español: el barroco.
Ama los mismos cisnes, espejos, luces duras, cabelleras femeninas, y tiene el idéntico temblor fijo del barroco, con la diferencia de que Góngora es más fuerte y aporta una riqueza verbal que Mallarmé desconoce, y tiene un sentido de belleza extática que el delicioso humorismo de los modernos y la aguja envenenada de la ironía no dejan ver en sus poemas.
Cuando los viejos amigos llegan a la casa, las manos de don Luis se van enfriando lentamente. Bellas y adustas, sin una joya, satisfechas de haber labrado el portentoso retablo barroco de las Soledades.
271-289 Las relaciones diplomáticas hispano-suecas (s. XVI-XVII), in Actes du Congreso internacional, Espana y Suecia en la época del barroco (1600-1660), Madrid, 1998, pp.
Lagartijo con su duende romano, Joselito con su duende judío, Belmonte con su duende barroco y Cagancho con su duende gitano, enseñan, desde el crepúsculo del anillo, a poetas, pintores y músicos, cuatro grandes caminos de la tradición española.
Entre otras cosas, porque no se sabe aún bien qué es, no se ha hecho su anatomía ni su fisiología. Sea de ello lo que quiera, acontece que cada día aumenta el interés por el barroco.
Sin haber llegado todavía a un distinto análisis de sus elementos, algo nos atrae y satisface en el estilo barroco que encontrarnos asimismo en Dostoyevski y Stendhal.
Todas las figuras del florentín tenían, como dice Vasari, «un maraviglioso gesto di muoversi». El giro es inmejorable; en esto consiste lo que hoy, y por lo pronto, nos interesa más del arte barroco.
ernando Domínguez Camargo fue un escritor colombiano nacido en Santafé de Bogotá en 1606 y fallecido en 1659. Fue sacerdote y su creación literaria, influida por Luis de Góngora, se corresponde con el Barroco americano.
A Schopenhauer, el huraño, le hizo un epitafio barroco en un cuento mordaz y extraño Maupassant, aprendiz de loco. Había muerto el profesor avinagrado y pesimista; guardaba su tez el livor de unos reflejos amatista; y en aquella cámara ardiente lloraban por el corifeo los discípulos del ingente filósofo bilioso y feo.
Yo creo que esta transformación del gusto literario no sólo cronológicamente se relaciona con la curiosidad incipiente en las artes plásticas hacia el barroco.
Hablar de un compositor clásico o un compositor moderno, de un compositor barroco o un compositor renacentista, reside en el convencimiento de que todos los demás van a interpretarlo de la misma manera.