Ejemplos ?
En aquel solemne día, relajaba el convento su disciplina severa, y se les consentía a las sores expresar su júbilo, tocando sonajas y castañuelas, zambombas y rabeles, armando un estrépito que en otro sitio se llamaría infernal, y bailando hasta hacerse rajas delante del Belén, como habían bailado, de cierto, los pastorcillos inocentes, y como hasta saltarían de gozo los collados, porque era nacido el Redentor del mundo.
¿Hay cosa más bella para la infancia que algunos poemas que están incluidos en la obra de Lope de Vega “Los pastores de Belén” que el autor escribió para su hijo Carlos Félix o algunos graciosos textos de Sor Juana Inés de la Cruz?
Vaya aquel otro: En el Portal de Belén todos a juntar en leña, para calentar al Niño que nació en la Nochebuena... Y el loco retintín de los panderos, el sonoro tableteo de las castañuelas, los desahogos de entusiasmo arreciaban, ensordecedores, mientras la casi paralítica sor Consolación, con su voz cascada y feble, no podía hacerse oír, al reprender: -No sean escandalosas...
Por las calles empinadas suben las capas siniestras, dejando detrás fugaces remolinos de tijeras. En el portal de Belén los gitanos se congregan.
Él no contestó. Medio arrodillado, medio doblegado, cayó sobre la banqueta de terciopelo frente al Belén. El mundo se le venía encima: ¡lo que adivinaba era tan grande, tan increíble!
La virtud está en ser tranquilo y fuerte; con el fuego interior todo se abrasa; si triunfa del rencor y de la muerte, y hacia Belén...
Guirnaldas de chillonas flores artificiales, obra de las mismas monjas, la festoneaban. Sobre la mesa se alzaba el Belén. Rocas de cartón afelpadas de musgo...
Mejor podéis descansar en esta sala que fuera. TERESA. Este mancebo, señora, viene de lejanas tierras, de Jerusalem, de Jope, de Belén ... y de Judea.
-¡A ver, el villancico! Y unidas, las voces se elevaron, puras e ingenuas. En el Portal de Belén hay una piedra redonda... -No, ése no vale nada...
Leyendo "Belén", el poema de la Santa Infancia, libro en que Fáber puso su corazón, Damián ponía una cara, unos ojos, una mueca que a Fulgencia se le antojaban transfiguración o cosa así.
Señorías, para nosotros tienen nombre y rostro (Javi, Pilar, Daniel, Eva Belén, Susana, Emilian, Carlos, Oscar, Rodrigo, Rodolfo, José Luis, Sonia, Abel...) y cada uno de ellos es imprescindible e irrepetible, pertenecen a nuestras vidas, a la de sus familias, sus amigos, sus compañeros de trabajo, de clase, eran vecinos...
-interrogó una monjita vivaracha, menuda, toda arrebolada por la animación del baile-. ¡Pobrecita! ¿La dejamos venir un instante al Belén, que está precioso? -No piense en eso, sor Rosa...