beldad


También se encuentra en: Diccionario.
Búsquedas relacionadas con beldad: calandria
  • sustantivo

Sinónimos para beldad

belleza

Antónimos

Ejemplos ?
Por ti, los paladines a tu beldad rendidos, hacen lujo en la liza, de valor sin igual, que ante tus pies, se postran: vencedor y vencido, pues Tú, sola eres Reina, pues por Ti ha perdido su corazón y su alma, toda la Corte Real.
Todo se fundía en abrazo magnifícente y supremo: Crepúsculo y dulzura rítmica; añoranza lumínica y ritornelos de vida; íntima beldad entre el paso de las horas.
Y ¿qué debiera ser, bien contemplando, el alma sino un eco resonante a la eterna beldad que está llamando y, desde el cavernoso y vacilante cuerpo, volver mis réplicas de amores al sobrecelestial Narciso amante; rica de sus intrínsecos favores, con un piadoso escarnio el bajo oficio burlar de los mundanos amadores?
No tardó en aparecer el fiero dragón y en acercarse lentamente a aquella beldad, mirándola con tal insolencia y tal descaro, que sólo le faltaba el lente para igualar a otros culebrones menos temibles que él.
Percibí que era un pasillo muy luengo y varias puertas de finas maderas y labrados impactantes se extendían por él; había repisas de desconocidos minerales fijadas en la pared por alcayatas de oro que sostenían arcones de cobre de gran beldad.
(110) ¡Ay pobre caballero Cuyo leal cariño Secreto largos años A su beldad guardó, Soñando á su querida Mas pura que el armiño Y al cabo de una ausencia Sin honra la encontró.
Dueña del universo, henchida de oro, servida por el orbe a su deseo, de orgullo se embriagó tan sin decoro, que, ignuda meretriz, infame empleo de su beldad haciendo y su tesoro, ebria cayó al umbral del .
mas querer encarecerla, más que aplauso, es grosería; que no es grande la hermosura que es capaz de encarecida, ni el pensamiento pudiera —que es quien más perfecto pinta— bosquejar de sus reflejos aun las luces más remisas, pues contra el común concepto, sólo en su beldad se mira 13 una perfección que es menos imaginada que vista.
Pero ella a mis rendimientos, hermosa, airada, entendida, me respondió: «¿Quién ha dicho que nunca han hecho armonía esquivez, beldad e ingenio?
Conque hoy me espera en Sevilla lo embarazoso de un pleito, de un enemigo las iras, de doña Ana las traiciones y de una beldad esquiva el nuevo amor imposible; porque, aunque ya de su vista me ausenté, si va en el alma impresa, no es medicina el que huya del acero cuando ya llevo la herida.
DOÑA ANA De un amante mi beldad a las quejas dio atención, y halléme una inclinación, 29 con el traje de piedad; vuelto el desdén en clemencia, al punto el amor triunfó, porque el rigor, cuando huyó, llamó a la correspondencia; viéndose favorecido mi amante.
En esta última jornada, antes de entrar en Sevilla, hallé imitando a Dïana una hermosa cazadora, a cuya belleza rara rendí la vida, por que en su beldad soberana, desde el adorarla al verla, no puso el amor distancia.