beleño


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Sinónimos para beleño

beleño negro

Sinónimos

Ejemplos ?
orfina, divina! De las almas tristes celeste beleño, fuente inagotable para todo ensueño, eficaz alivio de todo sufrir. Bálsamo piadoso para toda herida, de los soñadores dulce prometida que nos indemnizas del mal de vivir.
El cual se sentaba al piano y pedía a Dios inspiración para llevar al alma del padre la alegría mística con el beleño de las notas sublimes; Arial, en una silla baja, se colocaba cerca del músico para poder palparle disimuladamente de cuando en cuando: al lado de Arial, tocándole con las rodillas, había de estar su compañera de luz y sombra, de dicha y de dolor, de vida y muerte...
Del seno de la flor que el Ganges cría, nació el dios del Oriente; risueño el Numen que preside al día, hizo a la blanca Aurora volar delante de su carro ardiente, lluvia de rosas derramando en torno; y la callada Noche al dios del Sueño le ciñó como adorno las guirnaldas de flores del beleño.
cababa de fumarme el más sabroso de los cigarros del día, el que fumo meciéndome en el cierre de cristales de mi casa, después de la comida a la española embalsamada la boca por el gusto dominador del café y recreados los ojos por la vista, siempre nueva de la bahía, donde los barcos se cuelan como alciones en su nido; y una pereza deliciosa embargaba mis potencias cuando se entreabrió la portier y entró, agitado, mi amigo y consocio en varios círculos. Valentín Beleño.
¿Qué otro placer se iguala en dulcedumbre con el placer de conversar a solas con caro amigo, a la süave lumbre del hogar que chispea, despreciando el tentador beleño del dios blando cuya frente circundan amapolas?
Seguimos trepando. Valentín Beleño sudaba y cojeaba. La viajera, animosa, andaba al paso largo e igual de una mujer bien formada, que calza holgadamente y usa ropa corta.
Y yo llego cuando los últimos coches ruedan llevando a sus casas a los últimos trasnochadores. Las dos.- Vedme a mí. Me han envenenado con beleño. Sólo los gatos me eligen para sus rondas nocturnas.
Pues de los vates uno eres, que por amigos he elegido, y en mis lares aduno, a quienes voy y pido consuelo y de mis males el olvido; Por quienes a la lumbre de vigilante, lámpara desdeño, por antigua costumbre, el tentador beleño el reposo blandísimo del sueño.
¿No hay venda que pueda mis ojos cegar? ¿No hay beleño que aduerma mi mente, Que hierve encerrada de sombra en un mar?… ¡Oh! Si gozas de voz y de vida, Si tienes un cuerpo palpable y real, Deja al menos, fantasma querida, Que goce un instante tu vista inmortal.
-Mire usted, Beleño: yo iré, aunque estaba aquí mucho más a gusto; pero, franqueza: confiéseme que no quiere usted desazones en casa y me lleva de pararrayos...
uizá serán delirios de mi locura, o fantasmas que engendra la noche oscura; pero -cuando, rendido tras larga vela en que al alma doliente nada consuela, derramando en mis sienes letal beleño, mis párpados cansados entorna el sueño,- por las oscuras sombras, o desvarío, o una alas se agitan en torno mío.
En la verde pradera hay mil hojas que duermen blando sueño, llenas de opio, cargadas de beleño: las hojas de la suave adormidera.