Ejemplos ?
Vaya al agujero como está el muy bellaco, y agradézcame que no lo mande en el traje que usaba el padre Adán antes de la golosina.
Apenas hubo dicho esto, cuando alzó la voz la hospitalera, que era una vieja, al parecer, de más de sesenta años, diciendo: ¡Bellaco, charlatán, embaidor y hijo de puta, aquí no hay hechicera alguna!
¡si ha corcoviao hasta cortarme la cincha, y todavía relincha; y mire, se ha revolcao! Martín Tiene laya de buenazo y bellaco... Lucero Sin piedá, pero de conformidá, que luego es ¡superiorazo!
¿Pues quién? SANTILLANA Un gran bellaco, un chancero cortesano que a Santillana engañó y por fino se vendió, y era fino segoviano.
Un soldado llamado Ledesma intimó entonces rendición á Lope, y éste contestó:— No me rindo á tan grande bellaco como vos- y volviéndose al jefe de los realistas, pidió le acordase algunas horas de vida, porque tenía que hacer declaraciones importantes al buen servicio de Su Majestad; mas el jefe, re- celando un ardid, ordenó á Cristóbal Galindo, que era uno de los que habían desertado del campo de Aguirre, que hiciese fuego.
CELESTINA Señor, ya le conocéis, 89 En E. se corrige: bellaco. 141 este pícaro malvado,90 como le descubrí el hurto en tu casa, él, esperando ocasión para vengarse, vino y, al punto mirando la joya que tú me diste, después de haberme llevado un bolso con cien escudos que tenía para el gasto de casa sobre esa mesa, me quiso quitar, porfiando de que la joya era suya.
¡Falsedad! Se dirá: ¡No puede ser joven, ni buen mozo, ni fino, ni elegante, ni culto, ni amable, ni espiritual, semejante bellaco!
Mas ¡ay!, al mismo tiempo que en Fernando brotaba el deseo que daba a sus devaneos un carácter más humano, se le cayó la venda de los ojos, y vio que si antes había sido ridículo, menos acaso de lo que él creía, ahora comenzaba a ser un bellaco.
Y, además, le quedaré agradecido. ¡Saqueo escandaloso! ¡Bellaco embuste! Mil duros cada muñeco, y, aun así, aseguraba el dueño que perdía.
-En rigor, eso mismo le decía yo al diputado López -continuó Bustamante, mintiendo como un bellaco-; él me decía que bastaría aquí un destino de veinte a veinticuatro...
Al cabo un alcalde del crimen, acompañado de escribanos y corchetes, llegó a la prisión e hizo la propuesta a cuatro de los condenados, que contestaron como aquel enemigo del matrimonio a quien junto al cadalso le prometieron perdón, con tal de que se casase con una muchacha, y dijo al verdugo: «¡Arre, hermano, que renguea!». El muy bellaco era de paladar delicado.
¿te acordás de tu potrillo picazo?... Agapito ¿Cuál?... ¿Aquel bellaco viejo? Me lo ajeniaron cuantuá en las puntas de Aceguá junto con otro azulejo.