Ejemplos ?
Ella va dilatando con el llanto morir, mientras algún socorro espera. Llega Reinaldo, y cuando ve aquel brete, con gritos los bellacos acomete.
Ezebelión y Melquisedec, que tenían de necios tanto como de bellacos, se escaparon de la casa materna, curiosos de ver la figura que el malhadado autor de sus días haría montado en asno y con scelerata mitra en la cabeza.
fingida parálisis aérea –remolino de batallas esplandianas– Florisando entre galaxias, libraré luminarias opacadas por bellacos mantones del ruin genio.
BENITO Ahora yo conozco bien a Tontonelo, y sé que vos y él sois unos grandísimos bellacos, no perdonando al músico; y mirad que os mando que mandéis a Tontonelo no tenga atrevimiento de enviar estos hombres de armas, que le haré dar docientos azotes en las espaldas, que se vean unos a otros.
Y entonces este declarante fue a un escribano que se dice Lázaro Pardo y delante del padre cura de un (tal) Francisco Grandes le dijo que le diese por testimonio como a él le quería hacer Francisco de Olmos Alcalde que lo tomaba por causa de que no le matasen, que bien sabía que eran bellacos y traidores y rogó a los dichos que le tuviesen secreto...
Hombres hay que dicen (¡habrá bellacos!) que siempre gallina amarga la cocina, o lo que es lo mismo, que es mucha plepa resignarse a no mudar de compañera.
Sin saber cómo llegaron a juntarse en el Gran Consejo de Siké como las langostas en una trampa, o los camarones en un remanso, o las moscas en un estercolero, o los penitenciarios en una cárcel, o los pecadores en el Infierno, o Cielo negro; sin saber cómo llegaron a juntarse en el Consejo, pordioseros, tránsfugas, oradores, criminales, hombres de ciencia, sacerdotes de Buda, bellacos, traidores, mudos, tramposos, deshonestos; había allí quienes huyendo de la justicia se habían acogido bajo el artesonado del Consejo, como los mirlos bajo los duraznos en flor; los había leprosos de cuerpo y de alma; los había que vendían sus votos por un puñado de arroz, o por un yen; los había, en fin, que no teniendo qué vender, vendían a sus compañeros.
En fin, siquiera tú no eres como esos frailes de mal agüero que de día y de noche me están con la cantaleta de que si no me confieso me van a llevar los diablos. -¡Habrá bellacos!
-Lo que quiere el señor Cuadrado -dijo don Vicente, el magistrado- es que los hombres se confiesen bellacos y sigan siéndolo, ¿no es eso?
II Loco es tu paladín; mas, su manía de amparar a dolientes desvalidos, castigando a bellacos y bandidos, a punto está de ser sabiduría.
No se puede opinar. Las tres veces que me he reído despiadadamente de tres sujetos que me parecieron bellacos en gran manera, fracasé.
Señala que en el Tesoro de la lengua castellana o española (1610) de Covarrubias se refiere el siguiente refrán: el niño de la Rollona que tenía siete años y mamaba, y añade, hay algunos muchachos tan regalones que con ser grandes no saben desasirse del regazo de sus madres; salen éstos grandes tontos o grandes bellacos viciosos.