bendecir

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Ejemplos ?
15 De cierto os digo, que el que no recibiere el reino de Dios como un niño, no entrará en él. 16 Y tomándolos en los brazos, poniendo las manos sobre ellos, los bendecía.
Entretanto, el cura bendecía y absolvía una vez más a sus animosos feligreses, y se dedicaba, con el albéitar, el sacristán y el sepulturero a preparar vendajes, el Santo Óleo y unas angarillas para el socorro de heridos y muertos.
A medida que llegaba al clima de cada uno, todas las esperanzas se abrían; se me bendecía, se me adoraba; pero desde que salía de allí, cuando ya no se me comprendía, entonces venían los sentimientos contrarios.
Continuamente se ocupaba en orar y en meditar la ley, y, llena de solicitud por sus compañeras, se preocupaba de que ninguna pecase ni siquiera en una sola palabra, de que ninguna alzase demasiado la voz al reír, de que ninguna injuriase o menospreciase a otra. Bendecía al Señor sin cesar, y, para no distraerse de loarlo, cuando alguien la saludaba, por respuesta decía: Gracias sean dadas a Dios.
2. Siempre que estaban reunidos, Jesús los santificaba, y los bendecía, y comenzaba el primero a comer y a beber. Porque ninguno osaba comer, ni beber, ni sentarse a la mesa, ni partir el pan, hasta que Jesús, habiéndolos bendecido, hubiere hecho el primero estas cosas.
Y nuestra primera madre entró en la caverna, tomó al niño en sus brazos, y lo acarició con ternura. Y bendecía a Dios, porque el niño tenía un semblante resplandeciente, hermoso y de rasgos muy abiertos.
Entonces José, levantándose, se prosterné, tomó al niño, y volvió con él a su casa, lleno de júbilo. Y contó todo lo ocurrido a María, y, regocijándose, bendecía al Señor.
La misión que le había encomendado se había cumplido de sobra. Y su madre la bendecía como sólo puede bendecirse la gratitud. Me has vengado hija mía y de la manera más inteligente.
Momentos después nuestro pavo, acartonado completamente, inmóvil, reposaba al pie del Niño Dios, que, entre sus pañales, bendecía a los pastores, y aceptaba los dones de los Reyes Magos.
Turbó aquella melodía de amor con un aullido al que se unieron las mil voces del inferno. La tierra bendecía, el cielo maldecía. La iglesia tembló en sus antiguos cimientos.
Pero la hermosura de Preciosa aquel día fue tanta, que ninguno la miraba que no la bendecía, y llegó la nueva de su belleza a los oídos de la señora corregidora, que por curiosidad de verla hizo que el corregidor, su marido, mandase que aquella gitanica no entrase en la cárcel, y todos los demás sí.
Llevéla a má e tres leguas de aquí, a que un señor cura, que icen que tiene ese privilegio, la echara los Avangelios; leyóselos, diome una cartilla bendecía y un poco de ruda, cosílo too en una bolsa, colguésela al pescuezo, costóme la cirimonia al pie de un napolión....