Ejemplos ?
Al empezar abril esta nevada la espalda del Moncayo; el caminante lleva en su bufanda envueltos cuello y boca, y los pastores pasan cubiertos con sus luengas capas.
Esta tragedia ha afectado a por lo menos uno de los maestros aquí presentes de una manera muy personal, y ella es Susan Evans, que obtuvo su maestría de Virginia Tech, y le damos las gracias por vestir hoy la bufanda de Virginia Tech.
Dío Fetente salió a orinar a la terraza, luego sentóse en un cajón, se quitó la gorra y los botines, arreglóse prolijamente la bufanda en torno del cogote y preparado para afrontar el frío de la noche, prudentemente entró en el catre, cubriéndose hasta la barba con las mantas, unas bolsas de arpillera rellenadas de trapos inservibles.
Las puntas de su bufanda rozaban los bordes del tacho y un delantal de cuadros rojos y azules atado a la cintura con un piolín, le defendía de las salpicaduras de agua.
pensó ella, ya no se acordará más de esto.» Además de la fusta con empuñadura roja, Rodolfo había recibido un sello con esta divisa: Amor nel cor además, un echarpe para hacerse una bufanda y, finalmente, una petaca muy parecida a la del vizconde, que Carlos había recogido hacía tiempo en la carretera y que Emma conservaba.
La piel de la cara era fina y repugnante. La nariz abultada, roja, chorreante, asomaba sobre una bufanda grasienta y endurecida. Ropa sin nombre, trozos recosidos atados con cuerdas al cuerpo miserable, peleaban con el invierno.
Iré sin ella —dijo el pequeño Hans. "Se puso su gran capa de pieles, un gorro colorado muy abrigador, se enrolló su bufanda alrededor del cuello y partió.
Transcurridos apenas unos segundos apareció envuelto en un abrigo largo y amplio, de los llamados Ulster, y vestido el cuello con una bufanda.
¿De charla también con las serpientes? Le quité su eterna bufanda de oro, le humedecí las sienes y le di de beber, sin atreverme a hacerle pregunta alguna.
-No, esposo mío, no te resfriarás. Ponte el abrigo forrado de pieles, la bufanda, la capa, el gorro bajo el sombrero y ve en coche.
Después de llamar, guareciéndome de la lluvia, me recogí en el zaguán. Un viejo barbudo, envuelto el cuello en una bufanda verde y la gorra hundida hasta las orejas, salió a recibirme.
A su llegada al restaurante más tarde esa noche, Mako se le dio ropa adecuada. Cuando el camarero intentó quitar la bufanda Mako, inmediatamente lo detuvo.