burlesco


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  • adjetivo

Sinónimos para burlesco

festivo

Ejemplos ?
En cuanto a los temas mitológicos, Jordaens se ciñó a los motivos elaborados por Rubens, si bien filtrándolos a través de su tendencia a la personalización y el costumbrismo realista, así como un cierto aire burlesco que impregna incluso sus obras de temática mitológica o religiosa.
Su obra poética no es extensa, apenas unas 40 composiciones. Se suele clasificar en tres grupos: amoroso, burlesco y doctrinal. Son, en general, obras satíricas y amorosas convencionales dentro de los cánones de la poesía cancioneril de la época, todavía bajo influencia provenzal, con un tono de galantería erótica velada por medio de finas alegorías.
A veces, casi siempre cuando se trata de un tema burlesco, puede agregársele al final un pequeño pie en endecasílabos y heptasílabos llamado estrambote.
Francisco de Quevedo le dedicó el poema Un Orfeo burlesco, y Juan de Jáuregui desarrolló por extenso el mito en un poema en cinco cantos, en 1624.
Como no la creo á ustied capaz de abrigar burlesco pro- pósito con su exigencia, y como dicen que la gracia del barbe- ro está en sacar patilla de donde no hay pelo, vamos á ver si consigo dar saborcito tradicional y que al paladar de usted sea gustoso, á un cuento que oí contar á mi abuela que esté en gloria, que sí estará, porque fué más buena que el pan cuando es de buen trigo y buena masa.
¡Qué escándalo! ¡Ya le parecía oír el burlesco comentario que haría caer sobre la autoridad policial una montaña de ridículo! Se había alzado del asiento y se paseaba nervioso por la sala, tratando de encontrar un medio de borrar la torpeza cometida, de la cual se consideraba el único culpable.
- No se preocupe. Comprendo...- Replica burlesco el transformado. - Tal vez mi secretaria le ha informado que ordené para usted las mejores facilidades.
Hubo un murmullo regocijado y burlesco, poniendo en duda que por largos siglos hubiesen sido todos los hombres absolutamente serios, y que hay épocas enteras durante las cuales ni una sonrisa célebre recuerda la Historia.
Carlos, que esperaba a la puerta del lujoso Meliá, se sorprendió al verla bajar de su lujoso Roll-Royce y dirigirse a él, con toda su elegante y lujosa presencia, sonriente; saludando gentil a quienes la reconocían por su fama, para decirle en el peor tono burlesco: -¿Quieres más, chiquito?
A medida que iba pasando el tiempo sobre esas obras, en que anda revuelto lo sagrado con lo burlesco, parecían, cada vez más, delirios de un cerebro herético, entregado al poder de las tinieblas, visiones anticipadas del lugar que le estaba reservado y que ya por fin le había engullido.
Para que así, aun seco, no se arrolle; pues necesita que permanezca estirado en el tiempo. Se niega a usarla; porque tal respuesta carecería de color burlesco.
Aunque importante, consideré una peccata minuta tal lapsus, pues a mí me interesaba más el contenido de su ideología creadora que atender al escándalo de algunos horrorizados decimonónicos que habían sido decepcionados por tan poca cosa y que cobardemente lo comentaron después, con cierto nivel burlesco, en los corredores.