cáliz

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Sinónimos para cáliz

copa

Sinónimos

Sinónimos para cáliz

amargura

Sinónimos

Copa

Sinónimos

Ejemplos ?
En cálices, patenas, custodias, incensarios, casullas, capas pluviales, mitras, palios del altar, y mantos de la Virgen, y molduras del tabernáculo, y aureolas de los santos, debían emplearse los resplandores del metal precioso; y el usarlo para vender y comprar cosas profanas, miserias y vicios de los hombres, le parecía terrible profanación, un robo al culto.
No lucía en ellas sino el primer rocío vespertino, pálido aljófar apenas visible. El alma de Sirena no se escondía en sus cálices.
d) Los parques y organismos oficiales recibieron campanas, cálices, custodias, candelabros y otros objetos de culto, los han fundido y aun han aprovechado para la guerra o para fines industriales sus materiales.
En sus jardines, los cálices exhalaban deleitoso y ponzoñoso aroma, que adormecía como el beleño, o exaltaba como el vino secular encontrado en las ánforas pompeyanas y calcinado por los volcanes.
La entrada hermosa es por el palacio del Trocadero, de forma de herradura, que quedó de una Exposición de antes, y está ahora lleno de aquellos trabajos exquisitos que hacían con plata para las iglesias y las mesas de los príncipes los joyeros del tiempo de capa y espadón, cuando los platos de comer eran de oro, y las copas de beber eran como los cálices.
A veces levantaba la cabeza; allá arriba, muy alto, se veía la cúpula de los árboles cuyo nombre ignoraba, pero cuyo tronco áspero o lustroso, de hojas gruesas o transparentes soportaba desde sus ramas en arco innumerables bejucos, manchados de estrellas escarlatas o de cálices blancos.
Violetas y lirios, juncos y azucenas se empinaban sobre sus ta!los para contemplar la corriente y proferían, agitando coquetonamente sus estambres cargados de polen: — ¡Arroyo, la frescura que nos da vida, el matiz de nuestros pétalos y el aroma de nuestros cálices, todo te lo debemos!
Oye: canta la cigarra Porque ama al sol, que en la selva Su polvo de oro tamiza Entre las hojas espesas. Su aliento nos da en un soplo Fecundo la madre tierra, Con el alma de los cálices Y el aroma de las yerbas.
Visitaba con frecuencia De su amor la tumba fría, Coronándola de flores Matizadas con mil tintas; Y en sus cálices de aroma, Do miel las abejas liban, El aliento de Adelaida Respirar le parecía.
¡Oh, bien hayan los cristianos, Más humanos, Que veneran una cruz Y dan a sus nazarenas Por cadenas Auras libres, clara luz! Ellas al festín de amores Llevan flores, Sin velo se dejan ver Y en cálices cristalinos Beben vinos Que aconsejan el placer.
El hada la volvió al jardín de su palacio, al jardín donde cortaba flores envueltas en una oleada de perfumes, que subía místicamente a las ramas trémulas, para flotar como el alma errante de los cálices muertos.
Mis almas enamoradas y mil hechiceras sombras, que en mis flores encantadas se albergaban del calor, de sus cálices salían a la luna, y sobre alfombras de musgo y césped venían a sentarse en mi redor.