cántaro


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  • sustantivo
  • locución

Sinónimos para cántaro

vasija

Sinónimos

llover a cántaros

Sinónimos

  • diluviar
Ejemplos ?
-Por veinte años dice el cántaro que nos pertenecemos -exclama Lolo. -Por veinte años ha dicho el cántaro. Por toa la vía digo yo -responde Estrellita del Alba.
-Buenos días -exclamó Dolores la larampera, colocando su cántaro sobre los bordes del pilón de piedra, donde aguardaban turno, en correcta formación, los de sus compañeras, que sentadas sobre el muro que sirve de parapeto al Arroyo de los Ángeles en sus poco frecuentes crecidas, charlaban alegremente luciendo al sol, a más de los atractivos con que las dotara el Supremo Hacedor de todas las cosas, sus vestidos de pobre urdimbre y de tintas tan vivísimas, que bien podían competir con los de las fragantes flores con que adornaban sus bien alisadas cabelleras.
Señor, es que al comienzo de mi viaje, mi cántaro vertiendo, con el agua que debía beber regué los cardos y en mi sed bebí lágrimas; Se?or, es que mi pan desmigajando hice que hambrientas aves se saciaran, y tuve que probar silvestres frutas que amargas me supieron, muy amargas; Señor, y anduve errante y fui mendiga, y mis sienes tuvieron por almohada sólo piedras, que en pago me pidieron la sangre de cien llagas; y anduve largo trecho del camino...
Ya habíale tocado el turno a Dolores, y ya había ésta colocado su cántaro bajo el chorro cristalino que arrojaba por entre sus labios de piedra una maltratada cariátide, cuando...
Nombran seis personas, y echan los nombres en un cántaro de donde los primeros dos que salen son para Alcaldes, y los cuatro restantes para Regidores; aprueba la elección del Corregidor, o por él, su Teniente.
Al un lado estaba un banco de tres pies y al otro un cántaro desbocado con un jarrillo encima, no menos falto que el cántaro; a otra parte estaba una estera de enea, y en el medio un tiesto, que en Sevilla llaman maceta, de albahaca.
Ella les preparó al instante una copa de caldo caliente que puso delante de sus rostros. Solamente para engañar a su abuela, a su madre. Derramaron el agua del cántaro. “Nuestras bocas están verdaderamente secas.
-Buenos días, prodigios -exclamó en aquel momento don Paco llegando frente al pintoresco grupo, y después, dirigiéndose lenta y gallardamente hacia Lola, se detuvo ante ésta, echose el sombrero atrás y díjole, entornando los ojos y poniendo en su voz las más dulces y acariciadoras de sus inflexiones-: ¡Lo que yo he corrido por llegar a tiempo de que me dé beber en su cántaro la más graciosa de toítas las Samaritanas!
Mientras vigilaban el caldo de pimiento, enviaron un Mosquito; el Mosquito, animal semejante a un cínife, fue al borde del río; al instante agujereó el fondo del cántaro de la abuela, y el agua se derramó por el fondo del cántaro; ella trató de tapar el fondo del cántaro pero no pudo.
Hospédanse, por supuesto, en la famosa y anual fonda de don Telmo, contigua al templo y no mal abastada en tales ocasiones, la cual fonda invaden al punto granujas y mozas de cántaro, que no quieren perder pie ni patada en aquel recibimiento nunca visto ni oído en tierra santarritense.
Después tomó su quena, ese instrumento misterioso al que mi amigo el poeta Manuel Castillo llamaba ::«Flauta sublime de una voz entraña ::que llena el corazón de amarga pena», la colocó dentro de un cántaro y la hizo producir sonidos lúgubres, verdaderos ecos de una angustia sin nombre e infinita.
Como sucede en las comunidades con tendencia igualitaria, hasta quienes alcanzan cierta comodidad material tienen apodos: La posible movilidad social resultante del esfuerzo y el trabajo, no impide la relación franca y abierta facilitada por esos identificadores particulares que son los apodos, allí están los borregos, latas, cauchos, colegas, chicama, pato, pavo, chanchitos, cántaro, chivos, gatos, pollitos, culebra, dañino, pavos, ranas, cachaco, bruja, coto, gringo, melan, duque, chepa, machete, burro blanco, tamalitos, Nadie se reciente ni disminuye si lo reconocen con ese distintivo.