callejuela


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  • sustantivo

Sinónimos para callejuela

callejón

Ejemplos ?
Empujó la puerta de salida de la sacristía, que daba a lóbrega y retirada callejuela, y con ojos perspicaces escrutó las sombras, sin que en la angostura del solitario pasadizo viese ondear ningún traje, ni recortarse silueta alguna.
El señor pareció encantado de volver a verle; pero no se movió de casa en toda la noche ni en todo el día siguiente. León la vio a solas, muy tarde, por la noche, detrás de la huerta, en la callejuela; ¡en la callejuela, como con el otro!
El corazón se me saltaba del pecho al entrar la última vez al entresuelo de techo bajo y ruin aspecto situado en una callejuela del Barrio Latino, donde el autor de «Las Religiones de Oriente» recibe los escasos visitantes que van a distraerlo de sus preocupaciones habituales, la interpretación de seculares textos sagrados, de los viejos himnos litúrgicos y de los cultos primitivos de la humanidad.
La experiencia que había adquirido con mistress Micawber me sugirió, a la vista de aquello, un medio de alejar algo el golpe fatal. Entré en una callejuela, me quité el chaleco, lo doblé cuidadosamente y me presenté en la puerta de la tienda.
Acaso muy pocos han recibido el homenaje de una escuela con su nombre, o el de una callejuela olvidada y hasta un callejón que nadie sabe por qué se denomina así.
Después, hacia las seis, el coche se paró en una callejuela del barrio Beauvoisine y se apeó de él una mujer con el velo bajado que echó a andar sin volver la cabeza.
Al bajar por la estrecha calle de Chatham vi la callejuela en que estaba la tienda del viejo monstruo que me había comprado la chaqueta, y adelanté vivamente la cabeza para mirar el sitio en que había estado esperando tanto tiempo mi dinero, primero a la sombra y luego al sol.
Por lo tanto, como la noche anterior, sólo pedí su abrigo al cielo, y llegué penosamente a Chathans, que en las tinieblas de la noche era como un sueño de cal, de puentes levadizos, de barcos sin palos anclados en un río de fango. Me deslicé por un sitio cubierto de musgo que daba a una callejuela, y me acosté al lado de un cañón.
El sol poniente lanzaba raudales de luz sobre la calle, y el ruido constante de pasos se había ensordecido un momento en la gran calle a que desembocaba nuestra callejuela.
Por fin descubrí una tiendecita cuyo aspecto me pareció propicio; en el rincón de una callejuela que terminaba en un campo de ortigas, rodeada de una valla cargada de trajes de marinero mezclados con fusiles viejos, cunas de niños, sombreros de hule y cestos llenos de tal cantidad de llaves mohosas, que la colección parecía lo bastante rica para abrir todas las puertas del mundo.
¡Llévenme a un sitio solitario -dijo al fin-, porque no soy dueño de mí! Le condujimos a una estrecha callejuela, se apoyó contra la pared y sacó su pañuelo.
Estaba situado este lugar de reprobación en una callejuela morisca, y tenía por entrada un portal oscuro que conducía a la antesala flanqueada de aparadores cargados de garrafas que contenían vinos, cidra y licores espirituosos.