calor


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  • sustantivo

Sinónimos para calor

calórico

Sinónimos

Antónimos

favor

Sinónimos

Ejemplos ?
Levantóse muy paso con su garrote en la mano, y al tiento y sonido de la culebra se llegó a mi con mucha quietud, por no ser sentido de la culebra; y como cerca se vio, pensó que allí en las pajas do yo estaba echado, al calor mío se había venido.
No tengo que decirte, le contestó Critón, sino que el hombre que debe darte a beber el veneno no cesa de decirme que es preciso advertirte que hables lo menos posible, porque pretende que hablar demasiado hace entrar en calor al cuerpo, y que nada tan contrario como esto para los efectos del veneno, y que cuando se ha hablado mucho, hay que duplicar y hasta triplicar la dosis.
-Porque no podía ser, por dos motivos: porque yo no podía seguir de aquella manera, porque yo no he nacío pa zángano ni pa vivir a costa de mi mujer y porque mi tío, cuando me mandó llamar, lo hizo porque tenía medio cuerpo muerto y no tenía a naide más que a mí que velara por sus cuatro ochavos, y a mí mi tío, que Dios tenga en su santa gloria, me había servido de padre y de madre, y si no me sirvió de nodriza fue porque le faltó con qué, porque yo cuando andaba a gatas me quedé solito en el mundo, sin más calor que la suya...
Alejáronse con lentitud a echarse de nuevo al sol. Pero el calor creciente les hizo presto abandonar aquél, por la sombra de los corredores.
El temor, más instintivo que razonado, con que fue al altar de Nuestra Señora del Plomo, se había disipado ante los dulces y paternales razonamientos del anciano marido, el cual sólo pedía a la tierna esposa un poco de cariño y de calor, los incesantes cuidados que necesita la extrema vejez.
— Había una lagartija bajo el raigón —recordó por primera vez Prince. Una gallina, el pico abierto y las alas apartadas del cuerpo, cruzó el patio incandescente con su pesado trote de calor.
uerer es poder. Don Basilio, ¡toque V. la corneta, y bailaremos! Debajo de estos árboles no hace calor... --Sí, sí..., D. Basilio: ¡toque V.
Vino la Nochebuena acompañada de mucha nieve; pero cuanto más espeso era el sudario que cubría el huerto del convento, más calor notaba Lucía en su celda solitaria; una ilusión singular le mostraba, al través de los emplomados vidrios, que en lugar de copos de nieve llovían sobre las ramas de los árboles y sobre la dura tierra millares de azucenas nítidas, finas como plumas arrancadas del ala de los ángeles.
El trabajo de excavación ha abierto en ella una cava, que ya ofrece sombra cuando el calor arrecia, en aquella hondonada que limitan dos taludes y que no refresca el abanicar del aire de la ría.
Se portaría como hija, y aún más, porque las hijas no prestan cuidados tan íntimos, no ofrecen su calor juvenil, los tibios efluvios de su cuerpo; y en eso justamente creía don Fortunato encontrar algún remedio a la decrepitud.
No vieron sino la rotación deslumbrante de sus ruedas amarillas. Flotó en el aire un tufo de bencina, exasperado por el calor. Aún no se había disipado, cuando asomó por la carretera un cura de aldea, caballero en un borrico.
-¿Y qué? ¿Osté no va allí más que a su calor? -Voy poique siempre que voy er cura me da argo pa que me vaya pronto der pueblo, poique como siempre que voy me esmejoro, er cura, que me estima bien, me ice que aquel clima me sienta mal, y lo que pasa, como el hombre tiée güen fondo, pos me alivia...