caparazón


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Sinónimos para caparazón

telliz

Sinónimos

concha

Sinónimos

Sinónimos para caparazón

concha

Ejemplos ?
El dichoso niño jamás se nos acercó como otros niños a ofrecemos ni guitarras de caparazón de tortuga (tortuga sintética fabricada en Alemania), ni carteras moriscas, bordadas a máquina en Cataluña, ni puñales con leyendas coránicas repujadas en las Vascongadas, ni servicios de fumar estampados en París.
El Jueves Santo, después de terminados los oficios en la catedral, volvíase el ayuntamiento a Cabildo, y de allí a las cuatro de la tarde, con aviso de haberse concluido ya el Lavatorio de los doce pobres que representan al apostolado, salía la corporación en esta forma: El Alférez Real, vestido a la española antigua, y montado precisamente en un soberbio caballo blanco, con caparazón de terciopelo carmesí recamado de oro, llevaba en la mano el estandarte de la ciudad.
Y los animalucos extraños, extraños para un español, se movían valientes, indefensos, como en el país de la fábula. Lo primero que vio Próspero fue un caparazón costroso, que avanzaba lentamente.
Y si alguno apuntare con palabras significativas, alguna necedad llevándolo por lo perfilado y escuchándose, y la quisiera dejar en parto abortivo (por no poder salir della, como de ordinario acontece), se le compela por todo rigor de razones picantes a que juegue della como pieza tocada, o quede desde luego declarada por necedad con caparazón, y la segunda vez por necedad de gualdrapa.
Mis palabras, pues, no son otra cosa sino la declaración de que la nueva política ha de partir de este hecho: cuanto ocupa la superficie y es la apariencia y caparazón de la España de hoy, la España oficial, está muerto.
Aquí Marramaquiz, desatinado, cual suele arremeter el jarameño toro feroz, de media luna armado, al caballero, con airado ceño (andaluz o extremeño: que la patria jamás pregunta el toro), y, por la franja del bordado de oro caparazón, meterle en la barriga dos palmos de madera de tinteros, acudiendo al socorro caballeros, a quien la sangre o la razón obliga, al caballo inocente, que pensaba, cuando le vio venir, que se burlaba, «¡Gallina Mizifuf!
Allá por los años de 1810 no era hombre de gusto, sino tonto de caparazón y gualdrapa, quien no la echaba un piropo, que ella recibía como quien oye llover, pues callos tenía en el tímpano de oír palabritas melosas.
«El sello -dice un cronista- fue paseado en una caja sobre un caballo, cuyo caparazón era de terciopelo carmesí con franjas de oro.
Igual que una tortuga, a la mañana, saco la cabeza debajo la caparazón de mis colchas y me digo, sabrosamente, moviendo el dedo gordo del pie: -Nadie me molesta.
Entonces: —¡Eh, diga, Dío Fetente! Como una tortuga, el anciano sacó su pequeña cabeza al aire de entre el caparazón de arpilleras.
Casi consumido su doloroso caparazón terrestre, mi compañero tardaría menos de una hora en liberarse, y estar en disposición de perseguir al opresor a lo largo de la Vía Láctea y más allá de las estrellas, hasta los mismos confines del infinito.
Resulta claro entonces que el factor nacional solo aportará la fachada exterior, la caparazón de un contenido que le es ajeno, será receptáculo de un contenido internacional, producido en el transcurrir de la his­toria de la sociedad universal.