cariñoso

(redireccionado de cariñosas)
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  • adjetivo

Sinónimos para cariñoso

afectuoso

Ejemplos ?
Le dije que iba a ver a mi tía, el dragón de aquella noche, a la mañana siguiente, y que hubiese podido ver que era una de las mujeres más cariñosas y más excelentes si hubiera llegado a conocerla con más intimidad.
Con el mirar bajo, el cuello caído y los pisares lentos; va por la carretera llevando su carga infantil, que le transforma en nido ambulante. De tiempo en tiempo gira la cabeza hacia los serones y su sonrisa se acentúa, y en sus ojos replandecen cariñosas melancolías.
Alegróse Diomedes, valiente en el combate; y clavando la pica en el almo suelo, respondió con cariñosas palabras al pastor de los hombres: —Pues eres mi antiguo huésped paterno, porque el divino Eneo hospedó en su palacio al eximio Belerofonte, le tuvo consigo veinte días y ambos se obsequiaron con magníficos presentes de hospitalidad.
Después de esto volvió todas las tardes a la misma hora y siempre con un paquetito, al que nunca aludía y solía dejar detrás de la puerta. Estas ofrendas cariñosas eran de lo más extrañas y grotescas.
Cualquier cosa que le preocupe le ataca generalmente a las piernas; pero en esta ocasión le subió al pecho y luego a la cabeza; de manera que se le alteró todo el sistema de un modo muy alarmante. Sin embargo, consiguieron curarla, colmándola de atenciones cariñosas, y nos casamos hace seis semanas.
Amorosos recuerdos, tristezas lejanas, cariñosas memorias que vibran, como sones de arpa, tristezas profundas del amor, que en sollozos estallan, presión de sus manos, són de sus palabras, calor de sus besos, ¿por qué no volvisteis a su alma?...
El solo hecho de no ser arrastrada al profundo abismo anunciaba ya la próxima beatitud. Subía, subía, sin esfuerzo, como si, por debajo de los brazos, la empujasen manos cariñosas.
El hada de la vida animó a la Eternidad con palabras cariñosas, con la esperanza de que el nene que iba a venir al mundo sería tal vez el Mesías de los años, que trajese a la Humanidad bienes sin cuento, una era de prosperidad y gloria, inventos científicos redentores, y, de propina, el buen sentido y la moderación propios de la edad adulta.
La anécdota es escrita en “El Heraldo” de la ciudad de Valparaíso el 25 de febrero de 1889 y dice: “Habíamos guardado silencio acerca de un incidente que ocurrió en el Club Valparaíso, por respeto a nosotros mismos, pero ya que él ha salido de los linderos de la conversación no podemos resistir a transcribir que acerca de ese suceso encontramos en un diario de Santiago: dice “El Independiente”: Decía pues que el cónsul argentino ofreció una comida a la oficialidad de la cañonera, a la cual no asistieron los jefes de nuestra marina, que habían sido invitados, pero a la cual asistió el Comandante General En ella se gastaron las mismas cariñosas atenciones...
Las "f..." y las "b..." unidas a las más cariñosas palabras caracterizaban este delirio que duró mucho tiempo, y del que el galante Etienne, muy diferente de su cofrade el tragador de orina, sólo salió para decirme que era encantadora y para rogarme que volviera a verlo, y que me trataría siempre como iba a hacerlo: deslizándome un escudo en la mano, me acompañó hasta el lugar donde nos habíamos encontrado y me dejó, maravillada y encantada de una nueva buena suerte que, al reconciliarme con el convento, me hizo tomar la resolución de regresar a menudo desde entonces, persuadida de que, a medida que creciera, más agradables aventuras me esperaban.
Ya te dije que para el consabido asunto, así como para todos, te valgas de Lázaro, en el que tengo yo, y puedes tener tú, la más ilimitada confianza.» El general añadía aún algunas frases cariñosas, y firmaba.
Cualquiera que hubiese escuchado estas conversaciones, hubiera creído que los censuradores de aquel adulterio, volverían despreciativamente su espalda a los adúlteros; y, sin embargo, a medida que el grupo, origen de tan varia y justa murmuración, llegaba cerca de los que se ocupaban en criticarlo, las injurias cesaban, en todos los labios aparecía una sonrisa de afecto, los hombres se quitaban el sombrero, inclinábanse las mujeres cortésmente, y palabras cariñosas de A los pies de usted, Marquesa.