carlista

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  • sustantivo

Sinónimos para carlista

tradicionalista

Ejemplos ?
Y aún así, si apuradas todas las amarguras, la dinastía legítima que nos ha servido de faro providencial, estuviera llamada a extinguirse, la dinastía de mis admirables carlistas, los españoles por excelencia, no se extinguirá jamás.
Rodil figuró, y en altísima escala, en la guerra civil de cristinos y carlistas; y como no nos hemos propuesto escribir una biografía de este personaje, nos limitaremos a decir que obtuvo los cargos más importantes y honoríficos.
Según sus propias, repetidas manifestaciones, lo mismo el día en que nos dijo que España se había salvado porque estaba realizando ya, con condiciones ventajosísimas, el empréstito último, que el día en que volvió a decir que el mismo empréstito podía fracasar, el objeto de sus afanes eran los carlistas e isabelinos.
Vuelvo a pedir perdón; pero ¿quién no conoce en el día algún sacerdote de esos que queriendo pasar por hombres despreocupados, y limpiarse de la fama de carlistas, dan en el extremo opuesto; de esos que para exagerar su liberalismo y su ilustración empiezan por llorar su ministerio; a quienes se ve siempre alrededor del tapete y de las bellas en bailes y en teatros, y en todo paraje profano, vestidos siempre y hablando mundanamente; que hacen alarde de...?
En mi concepto juzgo que no estamos por ahora en el caso de imponer la pena de muerte á ninguno de los prisioneros carlistas que se hagan, porque de aplicarse á uno seria necesario se impusiese á los demás que en gran número tenemos en el depósito de esta Ciudadela, y que respecto de los prisioneros convendria por ahora que en lugar de ser deportados a Ultramar, se dirigiesen á otro punto, como por ejemplo el de las Islas Baleares, empleándolos en las obras de fortificación, hasta que terminada la guerra S.M.
No necesito recordarle que si en vosotros, los carlistas de siempre, hallara a una especie de aristocracia moral, todos los españoles, por el hecho de serlo, tienen derecho a su solicitud y a su cariño.
«Seul le silence est grand; tout le reste est faiblesse», dijo el sombrío Vigny; las «siete palabras» de los fanáticos, desde Jesús a Ravachol; de los filósofos, desde Sócrates a; de los guerreros, desde Leónidas hasta el oficial español que rodeado de carlistas les invita a fusilarlo de una vez: «¡Libradme pronto de vuestra presencia!»; las de los infinitos moribundos históricos, de los que se despiden del respetable público y de los que todavía se yerguen en el patíbulo para que los fotografíen, son interesantes y suelen ser ingeniosas, pero indignas de la muerte.
Continuó, pues, su camino. ¡Tenía que volver a forzar la línea de los carlistas! La oscuridad de la noche era la única probabilidad de salvación que nos quedaba...
Y en cuanto a escribir, escribir nuestros mismos defectos para que los corrijamos es disparate, porque no por eso los hemos de corregir: debe alabarse todo lo que hagamos, siquiera para no dar que reír a nuestra costa a los carlistas; y le advierto caritativamente que si persiste en el camino de esa oposición que ha manifestado haremos correr la voz de que todos los que hacen esa oposición nos quieren precipitar de nuevo y quieren reproducir el año 23; hasta diremos que están vendidos a don Carlos, y no faltará quien lo crea, pues aquí para todo hay creyentes, y lo que aquí no se cree, ya es preciso que sea increíble.
Cierto, del fraile brotan el inquisidor y el guerrillero, como lo prueban Santo Domingo de Guzmán y los mónagos carlistas; pero del soldado sale el jesuíta, como lo manifiesta San Ignacio de Loyola.
Yo era subteniente en aquel entonces. Los carlistas avanzaron... Mis soldados empezaron a caer a mi alrededor como segadas espigas.
Falo, mucho tiempo después, comprendió por qué le había hecho tanta gracia; se parecía a un caballo que a él le habían matado los carlistas en una célebre carga.