carrero


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  • sustantivo

Sinónimos para carrero

carretero

Sinónimos

Ejemplos ?
Los bueyes alientan un vaho que asciende en la amanecida. El fueguito carrero calienta la pava ennegrecida. Vuelan rectos hacia el cielo los aguateros, y las tijeretas, cortando con golpes de cola las últimas estrellas.
Los barcos no eran sino carretas. No necesitaban caminos para viajar. Y terminaba: -Mi padre, que era carrero, iba así por los campos. Las estrellas lo guiaban.
Bajo un grupo de canelones al borde mismo del camino, había desuñido una carreta. El carrero había hecho fuego y aprontaba el mate.
Tan pronto como esta cuestión se planteó, España, que ya en 1963 había expresado por boca del actual Vicepresidente del Gobierno, Almirante Carrero Blanco, su propósito de aplicar al máximo el principio de autodeterminación en Guinea Ecuatorial, aceptó el diálogo con los guineanos para estudiar la situación y para deducir del examen de ella las conclusiones que correspondiesen.
Junto al carrero se sentaba un hombre de no más de treinta años, aunque de poderosa cabeza y la firme expresión que distingue al caudillo.
SEGUNDO PEÓN ¿Y quién ha olvidado que Santiago, el carrero, se pudre en la cárcel tan sólo porque le hizo ver al amo que la manta que nos venden en la tienda de raya, además de ser mala, es cara?
Y éste siguió buscando clientes y pudo en todo el día -corriendo, es cierto, mucho, -realizar sus cinco bolsas de maní, y se ganó neto, dándole algo al carrero por el reparto, seis pesos.
Me voy siem­pre mañana, pero en el vapor de la carrera. Cuando venga, pues, el carrero a mediodía, haga cargar el equipaje, y que me lo pongan a bordo de la lancha.
Pero la fuerza de la costumbre lo hizo correr, y en pocos años el "fiacún" dejó de ser el muchacho grandote que termina por trabajar de carrero, para entrar como calificativo de la situación de todo individuo que se siente con pereza.
El comisario Romayo, me enseñó una vez el cuaderno de un ladrón, en cuya casa acababa de hacer un allanamiento. Este ladrón, que trabajaba de carrero, era un ajedrecista excelente.
Los bueyes bajaban lentamente por el declive áspero hacia las aguadas perdidas en el espadañal del bajo. El carrero, en cuclillas, parecía no haber visto ni oído la llegada de los excursionistas.
Y que cualquier día levantaba el poncho otra vez. Era un buen carrero, pero no tenía alma de carrero. Estuvo allí poco más de un año.