celda


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Sinónimos para celda

Ejemplos ?
Yo distinguí en el fondo crepuscular de una sala blanca entarimada de nogal, un grupo de mujeres con tocas, haciendo hilas y rasgando vendajes. Sor Simona ordenó: —Dispongan una cama en la celda donde estuvo Don Antonio Dorregaray.
La soledad de su celda, el rumor santo y sonoro de sus rezos en el coro, y la paz de su jardín, el consuelo de una vida con Dios a solas pasada, de amor y mundo apartada, que son delirios al fin.
Yo me paseaba bajo los arcos y sin poner atención oía frases desgranadas que apenas bastaban a enterarme: Hablaban en este corro de una monja muy vieja y encamada que había prendido fuego a las cortinas de su lecho, y en aquel otro de una novia muerta en su celda al pie del brasero.
Abundancia de redondillas y décimas, escritas con añil ó almagre, aparecían en las paredes inmediatas á la celda del nuevo prelado; y los devotos, cuyo número aumentaba con el de la gente de la ciudad que traspasaba los umbrales de la )ortería, formaban laberinto no menor que el de los monas- terios en ocasión idéntica.
¡Virgen del Carmelo, da pena ver cómo vienen los pobreticos! No quise insistir y fuí a encerrarme en mi celda. Era una tristeza depravada y sutil la que llenaba mi alma.
Pero, ¿no es ésto la misma cosa que conducir al prisionero cada mañana hasta el cadalso y regresarlo a la celda, diciéndole: "Espera un poco más, todavía no"?
Desde el ruido de la tempestad hasta el canto del pájaro, todo se confunde y enlaza en la infinita cadencia. Entre tanto, no diviso sino la muchedumbre que befa, y la celda del manicomio.
Desde la ardiente zona do te arrojó la adversa fortuna cuando viste del sol la luz primera, no abarca una mirada, por alta que se meza en el azul espacio tu miserable celda, las primorosas galas que dio Naturaleza a la, por ti, tan célebre hermosa primavera.
Huyendo, pues, de encontrarle en alguna calleja o sentado en el banco del portal de su padre, como suele estar todos los días, el seminarista ha salido tarde de su celda con el objeto de entrar de noche en el pueblo; y esto es lo que explica su tardanza, que ya va metiendo en cuidado a la tía Simona.
Y con esperanza tal, el conde, moribundo, palpitó de orgullo inconsciente, profundísimo, al ver a la Seca que avanzaba, hiriendo el piso de la celda con choque aflautado de huesos, y columpiando la rama por encima de una faz donde corrían los últimos sudores.
Sembrado de azucenas estaba todo, y la blancura del jardín despedía una claridad que alumbraba la celda con rayos de luna, más vivos y lucientes que la misma plata.
-Esta noche -dijo el Niño amorosamente- he querido favorecerte, Lucía, y en vez de nacer en el pesebre, naceré en la celda donde tantas veces me has invocado.