coño


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Sinónimos para coño

vulva

Sinónimos para coño

Ejemplos ?
Ésta, dientes de pie y medio; las encías, en verdad, de un carromato viejo tiene, demás de esto una comisura cual, escindido, en el verano, de una mula meando el coño tener suele.
(Plan) = El 1 de diciembre la Champville empieza los relatos y cuenta las ciento cincuenta historias siguientes (las cifras preceden a las narraciones): 1. Sólo quiere desvirgar a niñas de tres a siete años de edad, pero por el coño.
A vosotras os toca comprender nuestros impulsos, nuestras miradas, nuestros gestos, captar la expresión, y sobre todo no engañaros respecto a nuestros deseos; pues, supongamos por ejemplo que este deseo fuese el ver una parte de vuestro cuerpo y que, torpemente, ofrecierais otra, os podéis imaginar hasta qué punto un error de tal índole turbaría nuestra imaginación y todo lo que se arriesga enfriando la cabeza de un libertino que, supongo, sólo esperase un culo para su eyaculación y se le ofreciese, imbécilmente, un coño.
La llena de bebida, luego le cose el coño y el culo; la deja así hasta que la ve desmayarse por la necesidad de orinar o cagar sin poder lograrlo o hasta que la caída y el peso de sus necesidades llegan a romper los hilos.
Por lo tanto, el duque adoptó el rosa y el verde y todo aquel que llevase una cinta rosa delante le pertenecía por el coño, del mismo modo que quien llevase una cinta verde detrás sería de él por el culo.
El buen hombre coge algunos pedazos con su mano, los hunde en el coño abierto de su dulcinea, los revuelve una y otra vez y se los come sólo cuando se encuentran completamente impregnados de las sales que la vagina le proporciona.
Acompañando una de mis manos con la suya, hizo que sacara de su bragueta su verga no muy empalmada y, actuando constantemente sin hablar demasiado, me desabrochó las faldas, me acostó en el canapé, me subió la camisa hasta el pecho y, montando sobre mis dos muslos, que había abierto completamente, con una mano me entreabría el coño todo lo que podía, mientras con la otra se la meneaba con todas sus fuerzas.
Lo que ves aquí —me dijo, poniéndome mi mano sobre el pubis— se llama un coño, y he aquí lo que debes hacer para proporcionarte unos cosquilleos deliciosos.
Le enseñan la niña; por bonita que fuese ésta, su primer movimiento es de desdén; rezonga, jura entre dientes que ahora ya no es posible encontrar en París una muchacha bonita; pregunta por fin si verdaderamente es virgen, le aseguran que sí, le ofrecen mostrárselo. —¿Yo, ver un coño, señora Fournier, yo, ver un coño?
Y como todos se echaron a reír ante el temor burlón del financiero, la Duelos prosiguió: Un libertino tan viejo y tan repugnante como el que acabo de describir, me dio la segunda representación de esta manía; hizo que me tumbara desnuda sobre una cama, se tendió en sentido contrario sobre mí, puso su verga dentro de mi boca y su lengua en mi coño, y en esta posición exigió que le diese las titilaciones de voluptuosidad que pretendía debían proporcionarme su lengua.
Un hombre muy joven y gallardo tuvo la fantasía de hurgarme el coño cuando tenía la regia; yo me encontraba tumbada de espalda, con los muslos abiertos, él se había arrodillado delante de mí y chupaba, con sus dos manos debajo de mis nalgas, que levantaba para que mi coño estuviera a su alcance.
Este, hombre de unos cuarenta años, hizo que se desnudara y le lamió en seguida todos los orificios de su viejo cadáver: culo, coño, boca, nariz, axilar, orejas, nada fue olvidado, y el malvado, a cada lamida, tragaba todo lo que había recogido.