comparsa

(redireccionado de comparsas)
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  • sustantivo

Sinónimos para comparsa

acompañamiento

figurante

Sinónimos

Ejemplos ?
Los personajes comparsas y los fugaces se arremolinan en torno a la prolongada búsqueda del fin de un mundo sin puntuaciones pero puntual un mundo de cacicazgo de caudillaje de puños y caprichos dictatoriales.
Podrá trazar en un cuadro, aunque sombras se le enturbien, las principales figuras de que su historia se ocupe; mas la luz, y el movimiento, y el todo que las circuye, la multitud, las comparsas que en torno de ellas agrupe, que giran, hablan, murmuran, van, vienen, bajan y suben, las cercan o las desvían, y con ellas se confunden, y respiran con su aliento, y con impulsos comunes con ellas gozan, esperan, ríen, cantan, lloran, sufren… ¡Imposible que lo pinten y en la mente lo acumulen con voz, movimiento y vida fácil, palpable, voluble!
Con el triunfo de la revolución y la Presidencia de su caudillo, no mejora, pues, la suerte del Perú: lo venido con Piérola vale tanto como lo ido con Cáceres; y se necesita llevar una venda en los ojos o estar embriagado con los vapores del festín, para encontrar alguna diferencia entre la desenfrenada soldadesca que ayer nos impuso al Jefe del Partido Constitucional, y las famélicas hordas de montoneros que hoy nos someten al Jefe del Partido Demócrata. Se continúa la misma tragicomedia, con nuevas comparsas y con los mismos actores principales.
Por un tiempo, se dejarán descansar las haciendas, y hasta se llegará a prender a dos o tres de los comparsas más humildes, para salvar siquiera las apariencias.
No acertaría a decir lo que era un carnaval en aquellos tiempos de gozo, en que buscábamos para las comparsas y sus disfraces los arreos de nuestros antepasados, los tricornios mugrientos que habían corrido la tuna, las casacas moradas que habían asistido al recibimiento de la Reina María Luisa, las chupas de raso bordadas con guirnaldillas de rositas, los enormes relojes competidores de los que sonaban en las torres, los guardapiés de tisú, las pelucas empolvadas, los mil objetos con que hoy comerciaría un anticuario y que nosotros aderezábamos de pintoresca manera, sin otro consejo que el capricho de nuestra desenfrenada fantasía, ni más fin que divertirnos todos, viéndonos los unos a los otros por las calles en una broma continua.
Y entonces principiaron a entrar los ramos «formales» y las coronas. Comparsas, acomodadores, mozos de los casinos y Sociedades y hasta algún criado de casa particular -el de Nicolás Darío, verbigracia-, desfilaron, dejando a los pies de la Duchesini, ya unos ramilletes colosales, como ruedas de molino, con luengas cintas de seda y rótulos en letras de oro, ya coronas de follaje artificial.
Fuegos artificiales, iluminación brillante, en que descollaban la del Cabildo y del Consulado, con sus hermosos transparentes, y para complemento, función de gala en el teatro de San Felipe, donde se da cita lo más granado y elegante de la sociedad de Montevideo, las reuniones familiares respirando alegría, y los estrados recibiendo en su seno el concurso lucido de las comparsas; todo contribuía a la animación y al general contento en que se solazaba el espíritu patriótico y cordial en aquellos inolvidables días ¡ah!
Esto produjo general alboroto, Tedeum en la catedral, misa solemne de gracias celebrada por el arzobispo Almoguera, lucidas comparsas de máscaras y otros regocijos públicos.
tú lo verás, y cuando hayas descansado de los bailes, cuando las vigilias intranquilas pasen y el rum rum de las ronda y el cascabeleo de las comparsas se apaguen en tus oídos, volverás a llamarme y entonces ajustaremos cuentas...
Sale el sol, inmenso pueblo las calles y plazas llena, ansiando nuevos placeres, y que aun no madruga piensa; alistan los cortesanos sus comparsas y libreas, joyas, armas, vestes, plumas, corceles, lanzas, empresas, cuando, demudado el rostro, de la alcoba de la reina sale trémula, llorosa, una camarista o dueña, y a los jefes de palacio, grandes y damas de cuenta, que a Su Majestad aguardan para ir a misa con ella, dice, inflexiones buscando que desfiguren la nueva: «La emperatriz hoy no sale; la emperatriz está enferma.» Pasma la noticia a todos, embarga a todos la lengua, y en un silencio profundo la estancia aterrada queda.
No queda bicho viviente (y Periquito entre ellos) que no concurra a la plaza a ver las lindas comparsas del Comercio, de los Militares, de los Caballeros, de los en traje Indiano, y qué sé yo cuántas otras, que en sus lujosas y bonitas carrozas penetran a la Plaza, descienden airosas de ellas, y suben alternativamente al Tablado, con sus arcos o sus bandas azul-celeste, y sus Genios, a ejecutar festivas, al compás de la música, sus danzas figuradas, atrayéndose las miradas de aquel mundo de espectadores.
Dichas comparsas y sociedades brindan en el día domingo el color y sazón del desfile, ya que este día se organiza el recorrido sobre la avenida Ermita que comienza a partir del mediodía y se extiende hasta la tarde ya entrando la noche, el cual consiste el desfile de las Reinas del Carnaval que nombra cada comparsa, ellas son llevadas en carros alegóricos de gran colorido alrededor van bailando su gente al compás de las bandas que también van en este recorrido; este desfile culmina en la plaza principal en donde se reúnen las nueve comparsas, coronan a sus reinas y premian los mejores disfraces y trajes de charro.