Ejemplos ?
Pero ¡Dios del cielo!, mis cabellos se erizan, y me parece que os conjuro a burlaros de mi en el delirio de la desesperación, como Franz Moor conjuraba a Daniel.
Pero mis padres, al prohibirme llegar hasta estos lugares, me dijeron mil veces que el espíritu, trasgo, demonio o mujer que habita en sus aguas tiene los ojos de ese color. Yo os conjuro por lo que más améis en la tierra a no volver a la fuente de los álamos.
CELESTINA Desde aquí pon atención al reflejo del cristal, sin que con vista o acción te diviertas a otra parte hasta que te avise yo, que él se mostrará visible al conjuro de mi voz.
Pero sí le advierto que el acto está siempre propenso a la injusticia, sí le recuerdo que la injusticia es la muerte del respeto ajeno, sí le aviso que ser injusto es la necesidad de ser maldito, sí la conjuro a que no infame nunca la conciencia universal de la honra, que no excluye por cierto la honra patria, pero que exige que la honra patria viva dentro de la honra universal.
El mismo Justo Sierra comprendió poco después que se había equivocado, y ello lo llevó a una interpretación menos ortodoxa de Spencer, alentando de paso a la nueva generación de intelectuales anti-positivistas (Caso, Vasconcelos, Alfonso Reyes) que se abría paso, al conjuro de la revolución, en el Ateneo y la Universidad Nacional.
Que en él fué delirio al cabo Lo que al principio coraje, Y la sed de su venganza Degeneró en insaciable. Era su presencia agüero De horrendas calamidades, Y era su nombre un conjuro De desventuras y males.
Arropada en recio mantón de lana, y oculta la rica cabellera por un pañuelo de seda celeste, de vez en cuando sus manos de color de jazmines marchitos, crispábanse al estrechar el mantón, arrebujándose en él al conjuro del escalofrío.
—Para mí un dédalo: la encarnación de un siglo, la cifra de un conjuro, de enigmas una red, el paso de un cometa, la aparición de un genio del paraíso echado, un ser, en fin, a quien vi siempre con asombro, mas de sus fases múltiples razón no me di nunca, ni dármela podré; su colosal, heroica y olímpica grandeza no abarcará impotente jamás mi pequeñez.
La noche comenzaba a extender sus sombras; la luna rielaba en la superficie del lago; la niebla se arremolinaba al soplo del aire, y los ojos verdes brillaban en la oscuridad como los fuegos fatuos que corren sobre el haz de las aguas infectas... Ven, ven... Estas palabras zumbaban en los oídos de Fernando como un conjuro. Ven...
-gritó de nuevo el de Mairena, y al conjuro de su voz dejó precipitadamente Rosario el lebrillo en que luchaba denodadamente por devolver a algunas prendas interiores su primitiva blancura, y con las mangas de la chaquetilla arrollada en los brazos redondos y bien dibujados, aprisionándose casi del todo la esbelta cintura con ambas manos; revuelto el pelo negrísimo y rizoso, haciendo sonar de modo rápido, no las bordadas chinelas, sino dos brodequines fuera de uso y convertidos en babuchas merced a dos martillazos en el contrafuerte; un tanto jadeante la respiración, arrogante y mal jateada y riente y animado el rostro juvenil y bellísimo, lanzóse a la puerta de la calle mientras su madre le gritaba con voz gangosa: -¿Aónde vas, castigo?
Y el señor Cristóbal no pudo continuar; al conjuro de sus palabras habíase obrado una extraña metamorfosis en el rostro de la Pelirroja: brillábanle a ésta de nuevo los ojos con infantil alborozo, y una sonrisa irónica y picaresca serpeábale por los encendidos labios.
¿No te cuadra el conjuro, hijo Gavilán? Pues salta por el bachiller Pasillas, que se firma licenciado sin tener grado alguno. ¡Oh, perezoso estás!