Ejemplos ?
Los viajeros fatigados de su trabajosa jornada, reposan a la orilla del río, a cuya fuente se aproximan. Un boabad corpulento y magnifico les presta su sombra, capaz de cubrir a una tribu de guerreros.
Empezó el rey de hombres Agamemnón con derribar del carro al corpulento Odio, caudillo de los halizones: al volverse para huir, envasóle la pica en la espalda, entre los hombros, y la punta salió por el pecho.
Al fin lo mató Meleagro, hijo de Eneo, ayudado por cazadores y perros de muchas ciudades —pues no era posible vencerle con poca gente, ¡tan corpulento era!, y ya a muchos los había hecho subir a la triste pira—, y la diosa suscitó entonces una clamorosa contienda entre los curetes y los magnánimos aqueos por la cabeza y la hirsuta piel del jabalí.
uentan del venezolano general Páez, el héroe de los llanos, que en la época de guerra a muerte con la metrópoli, tomó prisionero a un corpulento soldado español que gozaba reputación de hombre de hercúleas fuerzas.
El militar se arroja de mal humor en el cabriolé, entre un francés que le pregunta: «¿Tendremos ladrones?» y un fraile corpulento, que con arreglo a su voto de humildad y de penitencia, va a viajar en estos carruajes tan incómodos.
En el escuadrón segundo, de un arnés blanco cubierto, y de un sayo de brocado, en un frisón corpulento pasa de Borbón el duque: ¡lástima que tan egregio príncipe, contra su patria y su rey combata ciego!
Al fin, creyendo que la mejor resolución sería acudir a Néstor Nelida, el más ilustre de los hombres, por si entrambos hallaban un medio que librara de la desgracia a todos los dánaos, levantóse, vistió la túnica, calzó los blancos pies con hermosas sandalias, echóse una rojiza piel de corpulento y fogoso león que le llegaba hasta los pies, y asió la lanza.
Diomedes cubrió sus hombros con una piel talar de corpulento y fogoso león, tomó la lanza, fue a despertar a aquéllos y se los llevó consigo.
Asióse entonces con ambas manos a un olmo corpulento y frondoso; pero éste, arrancado de raíz, rompió el borde escarpado, oprimió la corriente con sus muchas ramas, cayó entero al río y se convirtió en un puente.
Con el pretexto de una imaginaria ceremonia religiosa, pidieron a uno de los moradores de la casa el más corpulento de sus corderos, cuyo sacrificio debía servir, según decían, para calmar el hambre de la diosa Siria.
«Érase una vez un haz de fósforos que estaban en extremo orgullosos de su alta estirpe; su árbol genealógico, es decir, el gran pino, del que todos eran una astillita, había sido un añoso y corpulento árbol del bosque.
Terminó mi primo de pronunciar estas palabras, se corrió una cortinilla de abalorios, y corpulento, con una barba despejada sobre su pecho y un tur- bante del razonable diámetro de una piedra de molino, apareció Taman.