cortesano

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  • sustantivo

Sinónimos para cortesano

palaciego

Sinónimos

Ejemplos ?
En los otros, que hermosean reposteros y damascos, los grandes, con sus señoras y los nobles cortesanos, ostentan soberbias galas, terciopelos y penachos; las damas y caballeros llenan los segundos altos, y de fiesta gran gentío los barandales y andamios, jardín do a impulso del viento ondean colores varios.
Joyas, insignias, brocados, los ricos salones llenan, y plazas, calles, paseos, corceles, galas, libreas. Opulentos cortesanos en los festejos se esmeran, y disponen un torneo donde ostentar sus grandezas.
Tampoco saben la historia de aquel rey de Dinamarca que allí plantó cara al invasor y juró ante sus temblorosos cortesanos que se mantendría firme junto a los habitantes de su ciudad y moriría en su nido.
La reina se hincó de rodillas y, levantando su magnífica corona, imploró: -¡Quédate con ella, pero unta a mi esposo y a los cortesanos!
Había ido creciendo a lo largo del tiempo, a costa de horas, bajo fuertes jaquecas, pero también como fruto de claras noches, es decir, de bailes cortesanos.
Los cortesanos que entraron a continuación ofrecían, a primera vista, un aspecto distinguido, pero observados de cerca, la cosa cambiaba.
que habeis nacido De estirpe cortesana, Y cortesanos torpes De corazon servil, Adorareis cobardes La imagen soberana Aunque los pies os ponga Sobre la frente vil.
Tanto, que dio una voltereta, tan graciosa, que todos los cortesanos estallaron en aplausos, en su honor y en el de Juan, por haber acertado la vez primera.
Vistió luego la mujer del Corregidor a Costanza con unos vestidos de una hija que tenía de la misma edad y cuerpo de Costanza; y si parecía hermosa con los de labradora, con los cortesanos parecía cosa del cielo: tan bien la cuadraban, que daba a entender que desde que nació había sido señora y usado los mejores trajes que el uso trae consigo.
"¡Mis amados hermanos", exclamó el triste rey, "mis cortesanos, ya veis que el justo cielo nos obliga a implorar su piedad, pues nos castiga con tan horrenda plaga!
Porque los ministros y cortesanos, que no la querían por Reina, por ser hija de un sastre, tramaron perderla; por lo cual, cuando salió de su ocasión, dando a luz unos hermosos mellizos, los muy pícaros escribieron al Rey que lo que la Reina había parido era un gato y una culebra.
-¡Viva mi amo y señor, el duque Meñique!-gritó el gigante, con una voz que puso azules de miedo a los cortesanos, quebró el estuco del techo, e hizo saltar los vidrios de las seis ventanas.