craso


También se encuentra en: Diccionario.
Búsquedas relacionadas con craso: Cneo Pompeyo Magno
  • adjetivo

Sinónimos para craso

untuoso

Ejemplos ?
El medio que entonces tomaron fue, formar pequeñas compañías de dos o tres personas, dividiéndose en cuarteles lejos los unos de los otros, proveídos de algunas hachas o destrales y de algún poco de craso sustento, con cuyas prevenciones se fueron al bosque e hicieron cabañas para su morada, tejidas de palos y ramos de árboles.
Aprobado así por ambos lados, podía éste pasar a la realidad. Esta forma de realizar un deseo nos recuerda la empleada por la reina de los parthos con el triunviro Craso.
Es necesario que los ladrones de caminos sean virtuosos y libres. Lúculo le respondió: Amigo mío, desea mas bien que Craso, Pompeyo, César y yo lo gastemos todo en lujo.
Sería un craso error querer comparar el método de elección del Consejo General con el del Consejo federal de París, que no era siquiera un Consejo nacional, nombrado por un Congreso nacional, como por ejemplo, el Consejo federal de Bruselas o el de Madrid.
Es al mismo tiempo el triunfo del materialismo más craso y más brutal: no hay necesidad de demostrarlo por lo que se refiere a Alemania, porque habría que estar verdaderamente ciego para no verlo, en los tiempos que corren.
140 Vimos a Craso, sangrienta el espada de las batallas que fizo en Oriente, aquél de quien vido la romana gente su muerte plañida, mas nunca vengada; e vimos la mano de Muçio quemada, al qual la salud del fuerte guerrero más triste lo dexa que no plazentero le faze la vida por él otorgada.
No debe llamárseles be grande ni ve chica, tampoco be labial ni ve labiodental (de nada sirve articularla con la intervención de labios y dientes; no afecta al fonema y se escucha pedante, como se ve en ciertos locutores); menos be alta y ve baja. Simplemente son be y uvé. Se dice con frecuencia que la CHE (CH) no existe. Craso error. Es una letra existente en español.
Graco, o la madurez de Craso, que los afeites de Mecenas o el retintín de Galión; por tanto, deseara más vestir al discurso con una toga recia, que adornarle con vestidos brillantes y de mujer prostituida.
Y a la verdad, bajo la dirección de semejantes maestros, aquel joven de que hablamos, discípulo de los oradores y del foro, presenciando las causas, instruido y acostumbrado con la experiencia ajena, y a quien, con la continuación de oír, le eran conocidas las leyes, no le asustaban los nuevos semblantes de los jueces, era frecuente a su vista la costumbre de las asambleas, y le eran muchas veces conocidos los oídos del pueblo; entonces, ora emprendiese una acusación, ora una defensa, él solo y por sí era desde luego hombre para cualquier causa. A los diez y nueve años de edad, acusó L. Craso contra C.
Pero nuestros jóvenes ahora son conducidos a las escuelas de esos que se llaman retóricos, cuyo género de hombres existió aun antes de Cicerón, y no agradaron a nuestros antepasados, como lo prueba el que los censores Craso y Domicio les mandaron que cerrasen, como dice Cicerón, la palestra del descaro.
Pompeyo y M. Craso fueron excelentes, no sólo en el valor y armas, sino en ingenio y elocuencia; que los Léntulos, los Metelos, los Lúculos, los Curiones y demás próceres colocaron mucho trabajo y cuidado en estos estudios, y que ninguno en aquellos tiempos llegó a gran valimiento sin la elocuencia.
Sólo hubo en este hecho un lance que verdaderamente pudo tenerse por suceso de suma importancia y de mayor ventura, que, aunque en memoria de este engaño permanecieron las fiestas del circo, con todo, este ejemplo no se aprobó en aquella magnífica ciudad; y fue que los romanos cometieron un error muy craso, más en haber canonizado por su dios a Rómulo, después de ejecutado el rapto, que en prohibir que ninguna ley o costumbre autorizase el hecho de imitar semejante robo.