crecer

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  • verbo

Sinónimos para crecer

aumentar

Sinónimos

Antónimos

Ejemplos ?
Los Angeles, California. ---- ---- Los fermentos revolucionarios en Yucatán crecen a pesar del fusilamiento de Kankum, Albertos y Ramírez Bonilla.
Pasé por las cabañas de los peones y vi cómo nacen y crecen esos esclavos; con mis dedos sutiles toqué las carnes sin abrigo de los pequeños, los senos lacios y enjutos de las madres feas y bestializadas por las miserias y los maltratos; toqué las facciones del hambre y de la ignorancia; pasé por los palacios y recogí el gruñido de las envidias, el regüeldo de las harturas, el sonido de las monedas contadas febrilmente por los avaros, el eco de las órdenes liberticidas; palpé en mi mano invisibles tapices, mármoles dorados, joyas con que se adornan para valer algo los que nada valen.
Llevaban sus comidas en caballos, y no dejaban de traer consigo maíz y otras cosas, para vender en las minas. El camino, sin embargo, ofrecía las dificultades del paso por los ríos en los meses de invierno, en que crecen mucho sus aguas.
Los alimentos y bebidas crecen cuando los sectores de menos recursos suben, porque destinan buena parte de sus ingresos a los alimentos y bebidas.
Por ello, a pesar del buen comportamiento de nuestras exportaciones no petroleras, que crecen casi un 14% real, seguiremos observando el déficit en cuenta corriente, el crecimiento de la inversión foránea y el aumento de las reservas internacionales.
Mira: la fuente brota escondida en el seno de una peña, y cae, resbalándose gota a gota, por entre las verdes y flotantes hojas de las plantas que crecen al borde de su cuna.
Estos estados especialmente favorecidos son, como es sabido, Venezuela y Chile, que disfrutan de todos los bienes de la paz pública y del orden legal, a cuya sombra benéfica se desarrollan entre ellos sus instituciones, y crecen cada día en moralidad pública y prosperidad material.
La ciencia, como la naturaleza, se alimenta de ruinas, y mientras los sistemas nacen y crecen y se marchitan y mueren, ella se levanta lozana y florida sobre sus despojos, y mantiene una juventud eterna.
El genio y la imaginación española pueden compararse a un extendido lago, monótono y sin profundidad, jamás sus aguas se alteran, ni perturban la indolente tranquilidad de las naves que le surcan. Crecen en su orilla árboles sin frutos nutritivos, aunque lozanos, cuya sombra difunde un irresistible sopor.
Hay allí también toques de sombra: aspiraciones personales subalternas que florecen y medran a expensas del confiado desinterés o de la inexperiencia y buena fe; tendencias políticas sin arraigo en el suelo, que crecen arrastrándose como la yedra y extiéndense tentaculares cubriéndolo todo, tratando de avasallarlo todo; grises profundos y grises amarillentos que, en último término, todavía sirven por contraste lógico, para que brillen con claridad radiosa las figuras nobles del cuadro; las grandes figuras del paisaje de fondo, todo abnegación y austeridad patriótica.
La luz que les da no se la quita cuando los esconde, sino se la excede. No crecen sino de lo que él les da: por eso menguan los ministros muchas veces, y el sol ninguna.
Las flores que no sirven para la venta las desprecia; las que crecen silvestres, matizando con vivas tintas los rubios bancales de trigo, las aborrece como diosas ladronas que roban al surco una, parte del vigor destinado a dar al pan su fuerza nutritiva.