dárdano


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Sinónimos para dárdano

Sinónimos para dárdano

ideo

Ejemplos ?
Los que habitaban en Fílace, Píraso florida, que es lugar consagrado a Deméter; Itón, criadora de ovejas; Antrón marítima y Pteleo herbosa, fueron acaudillados por el aguerrido Protesilao mientras vivió, pues ya entonces teníalo en su seno la negra tierra: matóle un dárdano cuando saltó de la nave mucho antes que los demás aqueos, y en Fílace quedaron su desolada esposa y la casa a medio acabar.
Tal era el templo de los dioses, en cuyo ámbito recibió a los Teucros el rey latino, sentado en el solio de sus mayores; luego que hubieron entrado, les habló así el primero con apacible semblante: "Decid, hijos de Dárdano (pues no desconocemos ni vuestra patria ni vuestro linaje y ya teníamos nuevas de que hacia aquí enderezabais el rumbo), ¿Cuál es vuestro objeto?, ¿Qué causa, qué necesidad ha traído a vuestros bajeles por tantos cerúleos mares a las playas ausonias?
Prosternámonos en tierra, y estas palabras llegan a nuestros oídos: "Esforzados hijos de Dárdano, la primera tierra que produjo el linaje de vuestros padres, y con él a vosotros, esa misma os acogerá en su fecundo regazo cuando tornéis a ella; buscad, pues a vuestra antigua madre.
"Escúchame, prosiguió, pues voy ahora a decirte la gloria que aguarda en lo futuro a la prole de Dárdano, qué descendientes vamos a tener en Italia, almas ilustres, que perpetuarán nuestro nombre; voy a revelarte tus hados.
Baste que a todas las que, salvadas de las olas y terminado su derrotero, arriben a los puertos ausonios y lleven al caudillo dárdano a los campos de Laurento, les quite yo la forma mortal, disponiendo que se truequen en diosas del vasto mar, semejantes a Doto, hija de Nereo, y a Galatea, que cortan con su pecho el espumoso ponto." Dijo, y jurándolo por las aguas del Estigio, donde reina su hermano, por sus torrentes de pez y sus riberas, llenas de negros remolinos, inclinó la cabeza, y con aquel movimiento retembló todo el Olimpo.
en verdad no me inspiraste temor, aunque caudillo de los Dánaos, y Árcade, aunque unido por tu linaje a los dos Atridas; antes la rectitud de mis intenciones, los santos oráculos de los dioses, nuestro origen común y tu fama, esparcida, por toda la haz de la tierra, me han unido a ti, impulsándome de consuno mi voluntad y los hados, Dárdano, primer padre y fundador de la ciudad de Troya, nacido de Electra, hija de Atlante, al decir de los Griegos, pasó al país de los Teucros; el poderoso Atlante, que sostiene las etéreas bóvedas en sus hombros, fue el padre de Electra.
Ve a halagar con esas palabras los oídos del caudillo dárdano y de tus parciales; no te detengas en conturbar a todos con tu gran miedo, en ensalzar la pujanza de unas gentes dos veces vencidas, ni en deprimir las armas de los Latinos.
Defiendan unos las avenidas de la ciudad y ocupen las torres, y quédense los demás para seguirme adonde yo los mande.” Con esto, la población entera se precipita a las murallas; el mismo rey Latino abandona el consejo y conturbado con las calamidades de los tiempos, aplaza aquellas grandes deliberaciones. Acúsase agriamente de no haber acogido de buen grado al dárdano Eneas y asociádole en calidad de yerno a su imperio.
Allí tenemos nuestras moradas propias; de allí proceden Dárdano y nuestro ascendiente Jasio, de quien desciende el linaje troyano.
Al día, apenas el primer albor de la mañana empezaba a ahuyentar del oriente las estrellas, convoca Eneas a sus compañeros, que andaban esparcidos por toda la playa, y desde la cima de un collado les habla de esta manera: "Valerosos hijos de Dárdano, linaje de la alta sangre de los dioses, ya ha recorrido un año el círculo cabal de los meses que le componen, desde que depositamos en la tierra las reliquias y los huesos de mi divino padre y le consagramos tristes altares; ya, si no me engaño, es llegado el día que (así lo quisisteis, ¡Oh dioses!) será para mí siempre acerbo, siempre venerando.
Cesa, pues, de agravar con tus quejas tu dolor y el mío; no por mi voluntad voy a Italia..." Mientras de esta suerte hablaba Eneas, Dido tenía vuelto el rostro, retorciendo la vista a una y otra parte; luego le recorre de pies a cabeza con silenciosa mirada y exclama así, furiosa: "No, no fue una diosa tu madre, pérfido, ni vienes del linaje de Dárdano; el Cáucaso, erizado de duras peñas, te engendró y te amamantaron las tigres hircanas.
Llegarán sí, los grandes descendientes de Dárdano a los reinos de Lavino; arranca del pecho ese cuidado; pero también desearán algún día no haber llegado a ellos.