dársena


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Sinónimos para dársena

Ejemplos ?
Pero, cuando el vapor atracó al muelle, en la Dársena Norte del puerto correntino, y comenzó la salida de los pasajeros, halláronse los muchachos con un médico que les examinaba la boca y los ojos.
Enseguida dio un par de chupadas a una punta que halló pegada a la testera del catre, mientras se amarraba con una escota los enciclopédicos calzones a la cintura; ocultó sus greñas bajo la cúspide de un gorro catalán; y, por último, lanzóse calle abajo en busca de aventuras, osado el continente, alegre la mirada, y tan lleno de júbilo como pudiera estarlo, en un caso muy parecido, el famoso manchego, si bien, a la inversa de éste, no se le daba una higa por que la posteridad recordase o no que ya el rubicundo Apolo extendía sus dorados cabellos por la faz de la anchurosa tierra, cuando él, perdiendo de vista su casa, comenzó a respirar los corrompidos aires de la Dársena.
El gran hotel del Águila tiende su enorme sombra sobre las aguas dormidas de la dársena. Es un inmenso caserón cuadrado, sin gracia, de cinco pisos, falansterio del azar, hospicio de viajeros, cooperación anónima de la indiferencia, negocio por acciones, dirección por contrata que cambia a menudo, veinte criados que cada ocho días ya no son los mismos, docenas y docenas de huéspedes que no se conocen, que se miran sin verse, que siempre son otros y que cada cual toma por los de la víspera.
«Uno menos para velar; uno que se duerme.» Los vapores de la dársena, las panzudas gabarras sujetas al muelle, al pie del hotel, parecen ahora sombras en la sombra.
El interés que el político toma por el obrero siempre que estalla un conflicto grave entre el capital y el trabajo, se ve hoy mismo, no muy lejos de nosotros, con los operarios de la Dársena: ¿qué hacen los partidos mientras los huelguistas del Callao luchan por conseguir un aumento de salario o el cumplimiento de obligaciones solemnemente contraídas?
Con la propia sencilla buena fe, desde el centro de la Dársena se extendía hasta los contornos, y si se forraba algún casco, nunca le faltaba una chapita o clavo de cobre que ocultar en su remendada espuerta.
En la sombra espesa y muda que invade a la metrópoli, sólo se distinguen las garras del gendarme, protectores del dinero porteño. Los inmigrantes rusos son rechazados en la dársena.
Y después de mucho indagar, se le ocurrió, un día, a nuestro hombre ir a ver salir de la dársena el vapor «Primero de Mayo» que zarpaba justamente para las costas del Sur.
¿Quisiera el señor Falcón que el tiempo hubiera pasado en vano, y que la Argentina fuera una colonia turca, y los jefes de policía grandes eunucos? La cultura occidental no ha concluido su viaje y es notoria necedad ir a detenerla en la dársena.
Y tras esto, quizá por esa ceguera que ha producido el fracaso inicial de ver a la escuadra española cortar todo posible envío de fuerzas a la Península, también hay que lamentar que se hayan producido incidentes verdaderamente peligrosos para el prestigio de España -para el prestigio de España, que es un patrimonio común- a las puertas mismas de Tánger y hasta en la misma dársena de la plaza inglesa de Gibraltar.
n mes más tarde, los hijos de Dióscoro Cerdera embarcaban en la dársena Norte de Buenos Aires, en un vapor de la Compañía Trasatlántica.
Esta, en toda su esfera legal, le hacía legítimo dueño de cuanto cobre, estopa, hierro y madera de desperdicio hallara a sus alcances, ya sobre la superficie del Muelle o revuelto entre el fango de la Dársena.