dama


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Sinónimos para dama

gamo

Sinónimos

Sinónimos para dama

ciervo dama

Sinónimos

Ejemplos ?
30 o lo cierto, porque no quería irse mi hermano —porque vive aquí una dama de perfecciones tan sumas que dicen que faltan plumas para alabarla a la Fama, de la cual enamorado aunque no correspondido, por conseguirla perdido en Toledo se ha quedado, ........
eunidos en el patio de la casa, que inundaba la luna con sus argentados resplandores y una frondosísima dama de noche llenaba de cálidos perfumes, charlaban animadamente varios de los más caracterizados prohombres del barrio, entre los cuales oficiaba de pontífice máximo el señor Curro el Cotufas -decano de la gente de ácana del distrito-, un casi ochentón de tez rugosa y pelo blanquísimo, el cual en los momentos en que lo sacamos a escena decía a los que lo rodeaban: -Lo que yo sus digo, caballeros, es que lo que ha hecho el Tobi con su chanelo con Joseíto el Carambuco está pidiendo a voces que lo manden no a Ceuta ni a Melilla, ni al Peñón, sino a ca del veterinario a que le ponga dos pares de calzapollos.
Eran los amos de la aldea, los dueños de la quinta; un caballero de barba gris, una dama cuarentona, muy retocada, de traje de percal incrustado de entredoses, sombrero y sombrilla de encaje negro.
Pero tenía una segunda intención, aparte de esas consideraciones. En este asunto, obré como partidario de la dama comprometida. Durante dieciocho meses el ministro la tuvo en su poder.
La pareja se aproximó a María Vicenta y la interpeló con dulzura: -¡Sea todo por Dios! ¡Al fin se te murió la criaturita!... -dijo la dama-. En cuanto supe yo que tenía convulsiones, ¡cosa perdida!
A decir verdad, la dama parecía muy enamorada de él -especialmente en su ausencia-, y se ponía en ridículo al citar repetidamente lo que había dicho «su adorado esposo, el señor Wyatt».
La pequeña Molly y Antón iban con frecuencia a la montaña, y un día dijo ella: -¿A que no te atreves a llamar a la roca y gritar: ¡«Dama Holle, Dama Holle, abre, que aquí está Tannhäuser!?».
Al ver junto a la dama al caballero dentro de su recóndita morada, vuelto a los otros dijo: «Pájaro hay dentro, que, sin tenderle red, en ella encuentro.»; y, vuelto al conde: «Hombre jamás ha habido que tú más complaciente ni oportuno.
Antón no se atrevió, pero sí Molly, aunque sólo pronunció las palabras: «¡Dama Holle, Dama Holle!» en voz muy alta y muy clara; el resto lo dijo de una manera tan confusa, en dirección del viento, que Antón quedó persuadido de que no había dicho nada.
¡Qué bonita era, y qué atrevida! Dama Holle de la montaña debía de ser también muy hermosa, pero su belleza, se decía, era la engañosa belleza del diablo.
Pero como el mensú parecía gustar realmente de la dama -cosa rara en el gremio- Cayé ofreciósela en venta por un revólver con balas, que él mismo sacaría del almacén.
Pero entiéndase que todo ello es partiendo de la base, ¡oh querido pariente!, de que tu generoso corazón y el ilustre nombre que llevas sabrán hacerte prescindir de ciertos resabios de colegio, cuartel y casino, y ahorrar descontentos y sinsabores a la respetable dama y a la digna señorita que, eficazmente secundada por su activa y robusta doméstica, te libraron de morir en mitad de la calle...