Ejemplos ?
Leonteo, hijo de Antímaco y vástago de Ares, arrojó un dardo a Hipómaco y se lo clavó junto al ceñidor; luego desenvainó la aguda espada, y acometiendo por en medio de la muchedumbre a Antífates, le hirió y le tumbó de espaldas; y después derribó sucesivamente a Menón, Yámeno y Orestes, que fueron cayendo al almo suelo.
Entonces Toante, hijo de Andremón y el más señalado de los etolos —era diestro en arrojar el dardo, valiente en el combate a pie firme y pocos aqueos vencíanle en las juntas cuando los jóvenes contendían sobre la elocuencia—, benévolo les arengó diciendo: —¡Oh dioses!
De otra clase es el agudo dardo que yo arrojo: por poco que penetre deja exánime al que lo recibe, y la mujer del muerto desgarra sus mejillas, sus hijos quedan huérfanos, y el cadáver se pudre enrojeciendo con su sangre la tierra y teniendo a su alrededor más aves de rapiña que mujeres.
Así que no pudo más, cogió las vueltas a su padre y hermana; atravesó rápidamente, sin avergonzarse, la calle Mayor, donde algunos transeúntes, conociéndola, la miraban con extrañeza; bajó hacia el Páramo de Solares y se fue derecha como un dardo al cuartel.
Itimoneo defendía sus vacas, pero cayó en tierra entre los primeros, herido por el dardo que le arrojara mi mano, y los demás campesinos huyeron espantados.
Haciéndose cada vez más agria la cuesta, más grave el peso, aún vaciló y cayó, pero se sostuvo en las palmas de las manos; y entonces, como echase atrás la cabeza, apartáronse los descompuestos bucles y quedó patente el rostro maltratado y escupido, los dulces labios marchitos como pisoteada flor, la bella barba horquillada y rizosa, la cándida frente claveteada de espinas, los serenos abismos de los ojos, que con ternura y paz miraban en torno de sí. Diego sintió como si le traspasase el corazón agudo y penetrante dardo, y las entrañas se le conmovieron y derritieron de pena.
Recordad el caso de la flamenquísima y enduendada Santa Teresa, flamenca no por atar un toro furioso y darle tres pases magníficos, que lo hizo; no por presumir de guapa delante de fray Juan de la Miseria ni por darle una bofetada al Nuncio de Su Santidad, sino por ser una de las pocas criaturas cuyo duende (no cuyo ángel, porque el ángel no ataca nunca) la traspasa con un dardo, queriendo matarla por haberle quitado su último secreto, el puente sutil que une los cinco sentidos con ese centro en carne viva, en nube viva, en mar viva, del Amor libertado del Tiempo.
Y del mismo modo que si hubieras nacido en la Grecia, en donde es loable ejercitarse en las artes de la palestra, y los dioses te hubieran concedido las fuerzas y vigor de Nicrostato, no permitiría que aquellos membrudos brazos, hechos a propósito para la lucha, se aflojasen con el tiro ligero del dardo o el disco...
¿Cómo limpias, silencio, El rocío del canto Y las manchas sonoras Que los mares lejanos Dejan sobre la albura Serena de tu manto? ¿Quién cierra tus heridas Cuando sobre los campos Alguna vieja noria Clava su lento dardo En tu cristal inmenso?
Mujeres… por mi gloria y por mis luchas en muchas partes se me dieron muchas y en todas partes me dormí queriendo y en la mañana hacia otro amor seguía, pero en ninguno el dardo presentía del dulce mal con que me estoy muriendo.
Vibra Febo su dardo de diamante; El baile raudo gira, el seno opreso De las pastoras rompe en delirante Grito de amor que llena el aire en ceso.
En su turbación desarticula el arma, y, con sus trémulas manitas, hace jugar el mecanismo. Le dan un dardo amarillo, lo pone con precisión y hace puntería con mucha monada a un elefante.