deprecación


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  • sustantivo

Sinónimos para deprecación

Ejemplos ?
Una familia de cazadores campesinos es inexplicablemente atacada por las Poras, míticas ánimas del monte que protegen a los animales de la deprecación del ser humano.
Pelayo, que fue el primero que diò principio à su restauracion, hasta nuestro Gloriosissimo Monarca, el señor Phelipe Quinto, que oy reina, y reine por muchos años: con sus nacimientos, hechos memorables, conquistas, cronologías, fundaciones que hicieron, leyes que ordenaron en el tiempo de sus reinados, Madrid: por los Herederos de Francisco del Hierro, y a su costa, 1735, tres vols.; se reimprimió en ese siglo al menos dos veces más. Novena y afectuosa deprecación a la milagrosa imagen de Nuestra Señora de los Peligros, que se venera en el...
En algunos países, para evitar la deprecación, se promueve la crianza de especies comestibles en cursos de agua o en estanques naturales o artificiales; suele tratarse de especies hidrobiológicas cuyo consumo tiene una gran demanda.
Durante dicho sitio, 270 caballeros dirigidos por su Maestre se internaron demasiado en la sierra y al llegar la noche sin haber logrado la derrota completa de los enemigos, se les apareció la Virgen María, a la que pidieron que detuviese el curso del sol pronunciando la deprecación: «Santa María, detén tu día».
Se denominan también figuras patéticas pues pretenden incidir afectivamente en el destinatario. Las figuras de diálogo son las siguientes: apóstrofe / invocación, exclamación, interrogación retórica, optación y deprecación.
Poemas en la prensa local: Deprecación, A la Sociedad Amor Sapientiae, A Tanausú, A Muñoz Torrero, A mi corazón, A España, A la Sociedad La Cosmológica.
Se hallan sus poemas en el Correo de Madrid y Semanario de Cartagena (1787); luego, 1795 y 1796, en el Diario de Madrid. Entre los títulos más relevantes de su obra se cuentan Aviso a una joven que va a salir al mundo, Deprecación...
En Bura de Acaya había un templo dedicado a Hércules, en el cual después de hacer la deprecación al ídolo, tiraba el suplicante los dados y el sacerdote vaticinaba el próspero o adverso resultado de la súplica por el número de tantos que marcaban.