Ejemplos ?
Su palabra no reconoce tasa; sus manos tienen pasaporte para todo. Lo que a un hombre vulgar, como él llama a los que no se le parecen, le produce un desaire, a él le vale un triunfo.
Á la vara se le llamaba el gobierno de una casa; pero á la mujer briosa, como lo es la cordobesa, más le duele cuando la desdeñan que cuando le pegan; más la quebranta un desaire que una paliza.
El honrado Lamar no se dio por entendido del desaire y siguió sirviendo con lealtad al rey hasta que, sin desdoro para su nombre y fama, pudo en 1823 cambiar de bandera.
La muchacha se picó con el desaire, y puesta en jarras, porque era hembra de mucho reconcomio y pujavante, empezó a apostrofar al galán.
No conozco el artículo constitucional de los terranovas; pero me gusta, y ya lo quisiera ver incrustado en el código político de mi tierra, en que tachas peores no fueron nunca pretexto para tamaño desaire.
Tintoretto era un discípulo tan aventajado que su maestro Tiziano se enceló de él y lo despidió de su servicio. El desaire le dio ánimo en vez de acobardarlo, y siguió pintando tan de prisa que le decían «el furioso».
-Me quita usted la libertad, con este desaire, para incomodarlas otra vez -dice, como si realmente estuviera ofendida, doña Calixta.
Práctica era que sólo cuando pontificaba el metropolitano se sentase bajo un dosel inmediato al del virrey, y para evitar que el arzobispo pudiera sufrir lo que la vanidad calificaría de un desaire, iba siempre a palacio un familiar la víspera de la fiesta, con el encargo de preguntar si su excelencia concurriría o no a la fiesta.
-Y mucho dinero le ha costado el conseguirlo, señora marquesa. -Claro está -contestó la dama-; pero toda mi fortuna la habría gastado con gusto por no quedarme con el desaire en el cuerpo.
Catad que de honor no es ley Ni caballerosa fama Con desaguisado al rey Complacer a alguna dama.» -«¡Harto ingrato fui a su amor Con desaire y con desdén!
No tome Vd. a desaire su ausencia anticipada: antes de llegar Vd. me decía: es preciso que tratemos bien al capitán para que nos visite con frecuencia.
—Pero un álbum… uno solo… cuatro estrofas… —Más de cien me han traído esta semana y no conozco ni tres de los nombres de quien son, y ni uno supo volver a decirme: Muchas gracias; con mi amistad cuente usted. —Eso raya en grosería, Pepe. ¡Un desaire! ¿Y a quién?