desconsuelo


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Sinónimos para desconsuelo

Ejemplos ?
Enlutadas o no, fácil es conocerlas. Además, siempre hay en el luto del pobre algo a faltar, una ausencia de armonía que le infunde mayor desconsuelo.
¡Salir, meterse en zambras, ella, ella, Carlota Migal! ¡Con lo que llevaba encima del alma, aquellas infinitas arrobas de vergüenza y desconsuelo, desde que sucedió...
Así pasó el primer año, y, como era de esperarse, el resultado de los exámenes fué estupendo; y tánto el desconsuelo de las señoras al pensar que Damiancito iba a separárseles durante las vacaciones, que él mismo, motu proprio, determinó no irse a su pueblo y quedarse en la ciudad a fin de repasar los cursos ya hechos y prepararse para los siguientes.
Mas la pena más amarga, y el más hondo desconsuelo, y la ansiedad más horrenda y el cuidado más acerbo reinan en las ricas salas, entre amigos y entre deudos, cunden en palacio todo, y consternan a Toledo.
En 1584, los agustinos acababan de fundar su convento, y doña Leonor, que se sentía con huésped en las entrañas, andaba con el desconsuelo de recelar que también se helase el nuevo fruto.
Pero hacía muchos años que en las caricias, en los cuidados, en las confidencias del músico había una profunda tristeza, una desesperación resignada, atónita, humilde, casi servil, que daba frío y sombra en derredor: parecía el contacto de aquel dolor mudo, el contacto de la muerte; no era posible respirar mucho tiempo la atmósfera de desconsuelo en que Ventura vivía: todo organismo debía de sentir repugnancia cerca de aquella frialdad pegajosa...
Usté que tiene experencia profunda, y conocimiento, y en cada razonamiento el poder de una sentencia, Diga, si por desventura nos ha condenao el cielo a tener el desconsuelo de cair a la sepultura.
Una encantada Stambul surge de tu guardapelo, y llevan su desconsuelo hacia vagos ostracismos, floridos sonambulismos y adioses de terciopelo.
Y así le dijo su padre, cuyas áridas mejillas, lágrimas de desconsuelo quemaban y humedecían: «Hernando, Hernando, hijo mío, a tierras lejanas vas, donde nunca olvidarás de mi noble sangre el brío.
Pues reyes, príncipes, grandes, hidalgos y caballeros, y hasta el vulgo humilde, miran con asombro y desconsuelo, en el peligro de muerte a tan gallardo mancebo, a tan alto personaje, de virtud a tal portento.
Cayó el noble Garcilaso en el foso; horrendo grito de desconsuelo y venganza atronó el fatal recinto, y el de Lombay presuroso al socorro de su amigo voló, y en sus tiernos brazos retirolo con peligro.
Me miró con ojos de inconsolable desconsuelo, que vertían embriaguez insidiosa, y me dijo con voz de encanto: «Si quieres, si quieres, te haré señor de las almas, y serás dueño de la materia viva, más que el escultor pueda serlo del barro, y conocerás el placer, sin cesar renaciente, de salir de ti mismo para olvidarte en los otros y de atraer las almas hasta confundirlas con la tuya.» Y yo le contesté: «¡Mucho te lo agradezco!